martes, 22 de febrero de 2011

CATASTRO MARQUÉS DE LA ENSENADA (VII)


(Continuación)

23.- Qué propios tiene el Común, y a qué asciende su producto al año, de que se deberá pedir justificación.

A la pregunta veintitrés dijeron que esta dicha villa y su Común tiene por propios y como bienes suyos las Casas del Ayuntamiento, en las que se halla un cuarto que sirve de cárcel, y otro donde se venden las mercancías que vienen a ella. Así mismo tiene otro cuarto separado de la referida, y es el que sirve de carnicería, y sin que por unos ni otros perciba útil alguno, y sí seiscientos setenta y nueve maravedíes en que se arrienda la almotazania y correduría propia suya; novecientos que produce el arrendamiento de los dos hornos de pancocer, que unidos componen mil cuatrocientos setenta y nueve maravedíes, sobre lo que se remiten a las cuentas, y responden.

24.- Si el Común disfruta de algún arbitrio, sisa u otra copia que acompañe a estas diligencias, ¿Qué cantidad produce cada uno al año, a qué fin se concedió, sobre qué especies, para conocer si es temporal o perpetuo, y si su producto cubre o excede de su aplicación.

A la pregunta veinticuatro dijeron que el común de esta dicha villa únicamente tiene y disfruta el arbitrio que se le concedió de poder arrendar los pastos del paraje llamado el Castillejo, por el tiempo que necesite para resarcir los cinco mil reales de vellón que dio Su Majestad de este paraje que se denunció por baldío, cuya facultad comenzó a tener efecto el año pasado de mil setecientos cincuenta, que se arrendó en seiscientos reales, el de cincuenta y uno en setecientos, y éste presente está arrendado en otros setecientos, como todo por menor costa de las Cuentas y Facultad Real a que se remiten, y responden.

25.- Qué gastos debe satisfacer el Común como salario de justicia y regidores, fiestas del Corpus u otras: empedrado, fuentes, sirvientes etc, de que se deberá pedir relación auténtica.

A la pregunta veinticinco dijeron que el ayuntamiento y común de esta villa satisface cada año trescientos cincuenta reales al escribano, treinta al comisario de los Santos Lugares de Jerusalén; veintidós de amojonar el término; ciento doce de las veredas del Papel Sellado y las demás que se expiden de la capital; veintidós del gobernador y escribano por aprobar las cuentas; cincuenta reales y diez maravedíes de niños expósitos, cuarenta y cuatro del predicador de Cuaresma y Semana Santa; ochenta y ocho de los alquileres de las casas del cirujano y albéitar, quince de la remesa de elecciones al señor de esta villa; ochenta que se abonan a los regidores por cobrar el acopio de sal; ocho maravedíes de la aprobación de repartimientos en Cuenca; cuarenta y cuatro del comisario de la bula de la Santa Cruzada; once del papel sellado y blanco que se gasta para los repartimientos y borradores; veintidós de llevar las cuentas a Cuenca; cuarenta a los dos celadores de los montes, diez de pasar el testimonio de vagabundos, diecisiete que se gastan en vino en el refresco que se les da a los repartidores, según el uso y costumbre; ocho que se le dan al señor cura por la letanía de San Bernardino; veintidós por las procesiones de Semana Santa, Corpus y Octava; y diez al sacristán porque toque las campanas la noche de Santa Águeda; doscientos trece que se gastan en la caridad de Nuestra Señora de Ucero, como todo costará en las cuentas a que se remiten y en los extraordinarios, y frecuentes de retejar las casas de ayuntamiento, hornos de pancocer, carnicería, empedrar las calles, composición de la fuente y caminos, en cuya virtud se viene en inteligencia en renovar las utilidades para completar los gastos que sobre sí tiene, mayormente no invirtiendo en esto maravedies algunos de los cuatrocientos tres que sobre poco más o menos rediman los de alcabala del, y menos cantidad alguna de los sesenta y ocho que producen la tienda y taberna por reservarse íntegramente para la paga del encabezamiento de rentas generales, cuyo importe es el de ocho mil trescientos noventa y tres maravedíes, incluyendo en esta cantidad treinta y dos del cuarto en libra de jabón y setenta y cinco de el del aguardiente, cuya cantidad descontada la de los cuatrocientos tres, y la de los sesenta y ocho, queda liquidada en siete mil novecientos veintidós, y aumentando de ésta cuatrocientos noventa y siete, de el seis por ciento que se le abona a los alcaldes y regidores por su cobranza y conducción, componen todos ocho mil cuatrocientos diecinueve, los que se reparten anualmente entre los vecinos y hacendados forasteros, con arreglo a la instrucción de trece de marzo del año veinticinco, y responden.

viernes, 18 de febrero de 2011

CATASTRO MARQUÉS DE LA ENSENADA (VIII)


(Continuación)

26.- ¿Qué cargos de justicia tiene el Común, como salario de justicia y regidores, fiestas del Corpus u otras: empedrado, fuentes, sirvientes etc., de que se deberá pedir relación auténtica?

A la pregunta veintiséis dijeron que dicha villa y común no tienen contra sí censo alguno ni más cargas que las que llevan especificadas en la pregunta anterior, y responden.

27.- Si está cargado de servicio ordinario, y extraordinario, o de otros, de que igualmente se debe pedir individual razón.

A la pregunta veintisiete dijeron que en esta villa se reparte entre sus vecinos y hacendados forasteros del Estado General, sesenta y ocho mil seiscientos diez maravedíes, por el servicio ordinario como consta del cabezón, a que se remiten, en cuya virtud contemplan no estar cargado a más de lo que corresponde por las respectivas haciendas, y reslponden.

28.- Si hay algún empleo, alcabalas, u otras rentas enajenadas, a quien, si fue por servicio pecuniario, u otro motivo, de cuánto fue y lo que produce cada uno al año, de que se deberán pedir los títulos y quedarse con copia.

A la pregunta veintiocho dijeron que en esta relacionada villa, además del Señorío que dejan expuesto en la pregunta segunda, se halla enajenada la almotazanía y correduría propia suya, en virtud de servicio pecuniario como consta en el título que actualmente existe en la Secretaría de incorporación de la Corte de Madrid, y produce de arrendamiento seiscientos sesenta y nueve maravedíes, como igualmente dejan expresado a la pregunta veintitrés, y la Escribanía del número del referido señor al que no le tiene utilidad, y responden.

29.- Cuántas tabernas, mesones, tiendas, panaderías, carnicerías, puentes, barcas sobre ríos, mercados, ferias, etc., hay en la población y término; a quién pertenecen y que utilidad se regula puede dar al año cada uno.

A la pregunta veintinueve dijeron que en esta dicha villa hay una tienda, una taberna, una carnicería y un mesón, cuyo inquilino o mesonero, no obstante de no ser del pueblo de mayor paso, tiene la utilidad de mil quinientos maravedíes después de pagar a las ánimas. Doscientos cincuenta de quien es propio. La tienda de aceite y pescado después de satisfacer treinta y cuatro, que paga de alcabala por las especies que vende, y que serán hasta cien arrobas de aceite y cuarenta de pescado, regulan que llegará la utilidad para el tendero a cuatrocientos maravedíes y setecientos la del tabernero, y así mismo mil doscientos la del carnicero, en esta forma seiscientos que le da de salario el abastecedor, y otros seiscientos de la libra en cada res, y onza en cada libra , pues aunque monta más, la mayor parte se le descuenta por la merma del cuchillo y del tajón, y la del abastecedor subirá hasta trescientos maravedíes, sin inclusión de las yernas, y responden.

30.- Si hay hospitales, de qué calidad, qué renta tienen, y de qué se mantienen.

A la pregunta treinta dijeron que en esta villa hay un hospital donde se recogen los pobres que transitan, por ello el que tiene una cama para el que venga enfermo y su renta es la de tres fanegas y cinco celemines de trigo, los mismos que le producen el arrendamiento de sus tierras, y responden.

martes, 15 de febrero de 2011

CATASTRO MARQUÉS DE LA ENSENADA ( IX )


(Cintinaución)


31.- Si hay algún cambista, mercader de por mayor, o quien beneficie su caudal por mano de corredor u otra persona, con lucro e interés; y qué utilidad se considera puede resultar a cada uno al año.

A la pregunta treinta y uno dijeron que en esta referida villa no hay ni vive mercader alguno de por mayor, ni persona que beneficie su caudal por mano de corredor o de otro tercero, y responden.

32.- Si en el pueblo hay algún tendero de paños, ropas de oro, plata y seda, lienzos, especería u otras mercaderías, médicos, cirujanos, boticarios, escribanos, arrieros, etc. Y qué ganancia se regula pueden tener cada uno al año.

A la pregunta treinta y dos dijeron que en esta nominada villa hay un escribano que lo es Real de su número y ayuntamiento, que con los ciento sesenta y cinco maravedíes que le da porque asista de él las robras, testamentos, testamentos, particiones, y salidas que hace fuera de esta villa, le contemplan hasta la cantidad de dos mil quinientos setenta y cinco maravedíes. Así mismo hay un escribano de fechos, que por servir las ausencias del antecedente le vale ciento setenta y cinco maravedíes, más treinta por Notario Apostólico, quince fanegas de pan por medio, por sacristán, las mismas que tiene destinado, ocho ducados por tocar el órgano, y cien maravedíes por las misas y procesiones de tabla de perpetuales. También hay un médico que sirve por igualas voluntarias al que consideran de utilidad, hasta la cantidad de ochocientos maravedíes, veinticuatro fanegas de trigo en la villa de Cervera y siete en la de la Hinojosa. Así mismo será la del cirujano, la de mil setecientos maravedíes también por igualas voluntarias, y mil la del boticario que también hay en esta villa. Igualmente mil quinientos a Juan de Luz, por dos caballos que mantiene para correr la posta desde esta villa a la de Villar de Cañas, y desde aquella a la de Buenache cuando se ofrece. Y al maestro de niños seiscientos, por notario doscientos, y del posito de obras pías cuatro fanegas de trigo; y un tendero de quincalla y cintas que le contemplan de utilidad, hasta cien maravedíes por ser de corto caudal. También hay un sargento de inválidos que cobra diariamente el sueldo de doce cuartos, y responden.

33.-Qué ocupaciones de artes mecánicos hay en el pueblo con distinción, como albañiles, canteros, albéitares, herreros, sogueros, zapateros, sastres, peraires, tejedores, sombrereros, manguiteros y guateros, etc., explicando en cada oficio de los que hubiere el número que haya de maestros, oficiales y aprendices; y qué utilidad le puede resultar, trabajando meramente de su oficio, al día a cada uno.

A la pregunta treinta y tres dijeron que en esta villa mencionada respecto de estimarse por tales el almotacenero, alcabalero, horneros, molineros, y que se ocupan en oficios y artes mecánicos personas que tienen a su cargo los dos hornos de pancocer, que descontándoles el importe del arriendo y leña, contemplan su utilidad en la de novecientos maravedíes al del horno de arriba, y otros novecientos al de abajo cada año; doscientos al almotacén y otros doscientos al alcabalero; cuatrocientas fanegas de trigo al molinero del Cabildo de la ciudad de Cuenca, y ciento al del Conde de Difuentes, desfalcadas igualmente de las rentas. Así mismo hay un albéitar que gana cien fanegas de trigo, y cuarenta y cuatro maravedíes de la casa en donde habita; un maestro de herrero para cuyo oficio mantiene una fragua, será de diez maravedíes por cada uno de los días que trabaja meramente; que los seis maestros de albañilería y carpintería ejercitándolo en el suyo, ganan cinco maravedíes cada uno de ellos y los aprendices del mismo oficio dos reales; que los tres zapateros de obra prima ocupados en su trabajo ganan cinco maravedíes; que los tres maestros sastres gana cada uno cuatro maravedíes en los días que se ocupan en su oficio, en esta forma, dos en que se les reputa la comida y los otros dos de salario que se les da; que los cuatro tejedores de lienzos y cordellates ganan a tres cada uno, y que los siete cardadores de lana churra que hay y se mantienen de este oficio, tienen por cierto que trabajando meramente en él ganan al día cuatro maravedíes, y responden.

34.- Si hay entre los artistas alguno que teniendo caudal haga prevención de materiales correspondientes a su propio oficio, o a otros, para vender a los demás, o hiciere algún otro comercio, o entrase en arrendamientos; explicar quienes y la utilidad que consideren les puede quedar al año a cada uno de los que hubiese.

A la pregunta treinta y cuatro dijeron que en esta dicha villa no hay artistas ni vecinos algunos que tengan caudal para hacer prevención de materiales correspondientes a sus oficios, y responden.

jueves, 10 de febrero de 2011

CATASTRO MARQUÉS DE LA ENSENADA ( X )


(Continuación y final)


35.- ¿Qué número de jornaleros habrá en el pueblo, y a cómo se paga el jornal diario a cada uno?

A la pregunta treinta y cinco dijeron que hay veinte jornaleros, que regulado el salario de un tiempo con otro ganan cuatro xx en cada uno de los días que trabajen meramente del oficio de tales jornaleros, siendo todos los demás vecinos labradores y ganaderos, a los que así mismo se les regula con otros cuatro xx, y tres a los pastores, y responden.

36.- ¿Cuántos pobres de solemnidad habrá en el pueblo?

A las pregunta treinta y seis dijeron que en esta dicha villa hay catorce pobres de solemnidad, y responden.

37.- Si hay algunos individuos que tengan embarcaciones que naveguen en el mar, o ríos, su porte o para pescar ¿Cuántas, a quién pertenecen, y qué utilidad se considera da a cada una a su dueño al año?

A la pregunta treinta y siete dijeron no haber en esta referida villa lo que en ella contiene, y responden.

38.- ¿Cuántos clérigos hay en el pueblo?

A la pregunta treinta y ocho dijeron que en esta nominada villa hay cinco personas que se estiman y excluyen de los repartimientos por eclesiásticos, que el uno es el expresado señor Cura don Julián Lázaro, don Nicolás García Belinchón, don Antonio Buendía, don Francisco Guijarro, y responden.

39.- Si hay algunos conventos de religiones, y sexo, y qué número de cada uno.

A la pregunta treinta y nueve dijeron que en esta dicha villa ni en su término no hay convento, y menos hospicio de religiosos, y responden.

40.- Si el Rey tiene en el término o pueblo alguna finca, o renta que no corresponda a las generales ni a las provinciales que deben atestiguarse: ¿Cuáles son, cómo se administran y cuanto producen?

A la pregunta cuarenta dijeron que en esta dicha villa y término, no hay ni tiene su majestad finca o renta alguna, no correspondiente a las generales y provinciales, y añadiendo que cuanto llevan dicho es la verdad, y que por tal se afirman y ratifican en ello bajo juramento que tienen hecho y en caso necesario repiten de nuevo. Después de leída se ratificaron en dicha declaración respectivamente, diciendo hallarse escrita en forma y en el modo con que la han dado y que la reiteraron como cierta, siempre y cuando necesario fuese, y expresando el referido Bartolomé de Buendía ser de edad de sesenta y cinco años, Francisco Domínguez de sesenta y siete, y Julián Saiz Abad de cincuenta y ocho; Sebastián García de sesenta, Manuel de Arcas de treinta y dos, Juan Francisco Peñalver de cuarenta; Julián Pinar de treinta y cinco, Simón Gómez de sesenta y siete, Marcos Bermejo de treinta, Pablo Gómez de sesenta, Juan Alonso de Buendía de cincuenta y nueve; José Belinchón de sesenta y cuatro, Francisco Valera de cincuenta y siete, Isidro Belinchón de cincuenta y ocho, Bernardo Domínguez de sesenta; Juan de la Osa de cincuenta y uno, Juan Martínez Moya de treinta y dos, José Martínez de cuarenta y dos; Antonio Valencia de cincuenta y nueve. Todos los que en presencia del referido don Sebastián de la Blanca, cura propio de esta villa lo firmaron, y por el que no un testigo a su ruego junto con dicho señor juez, de todo lo cual doy fe: Licenciado don Pedro Joaquín Martínez de Toledo. Testigo Francisco Domínguez Bartolomé de Buendía. Testigo Manuel de Moya y Belinchón. Julián Saiz, testigo por Sebastián García. Bartolomé de Buendía, testigo por Manuel de Arcas. Manuel de Moya Belinchón, testigo por Juan Francisco Peñalver. Pablo Gómez Valera, Julián Pinar, Simón Gómez; Juan Alonso de Buendía, testigo por Marcos Bermejo, Manuel de Moya Belinchón, Pablo Gómez Valera, Francisco Valera, José Belinchón, Bernardo Domínguez, Isidro Belinchón, Juan Martínez Moya, Juan de la Osa, José Martínez, Antonio Valencia. Ante mí: Francisco Antonio de Moya.

Concuerdan las respuestas insertas con sus originales que con lo demás obrado en las operaciones respectivas a este pueblo, para el establecimiento de única contribución, quedan en esta contaduría principal de mi cargo a que nos referimos. Y para que conste donde convenga, en virtud de lo mandado por la Real Junta, en carta orden de once de mayo del año próximo pasado, lo firmamos en Cuenca, a cinco de enero de mil setecientos cincuenta y cuatro años.
Pedro de Quintana . Acebedo . Lorenzo Grande

jueves, 27 de enero de 2011

FELIZ INVIERNO, AMIGOS


Estoy seguro de que más de dos de los que leáis esto y os fijéis en la fotografía que acabo de colgar, pensaréis que a Pepe se le han acabado los argumentos y que tiene que echar mano a la imaginación para alimentar el blog que, como podéis ver, no se cansa de consumir palabras e imágenes sobre un tema tan concreto como lo es Olivares en todo su contenido, en todo lo que se pueda decir de él.
Es verdad, me queda muy poco que contar, casi nada; pero tampoco quiero repetir siempre las mismas cosas ni estancarme en ideas o noticias parecidas
Son cerca de cien páginas las que van completando el blog con lo hasta ahora expuesto, que para un pueblo como el nuestro es una verdadera pasada. Creo que nunca se ha escrito tanto sobre Olivares, ni se haya podido leer tanto; pues son páginas que llegan a todo el mundo, como podéis comprobar en alguno de los registros que figuran en la parte lateral de la pantalla. En un solo día de este mes de enero contabilicé más de cien entradas, todo un record que jamás hubiese podido imaginar.
Lamento no vivir en el pueblo para estar más cerca de las cosas, de las personas y de los acontecimientos, para vivir el ambiente diario y poder gozar de ellos, como de la fiesta recuperada del Santo Niño de enero, que desde hace algunos años venís celebrando, creo que con toda la pompa y los honores que merece.
Pues bien, todo lo dicho hasta ahora, no es sino un pretexto para justificar la presentación de la imagen que he puesto como cabecera: la bajada en cuesta del barrio del Purgatorio, prueba fehaciente del cambio que en Olivares se ha venido experimentando durante los últimos veinte o treinta años, y que para algunos resultará desconocido, sobre todo para aquellos que desde que se marcharon no han tenido oportunidad de volver. Para ellos principalmente, como Maxi y su señora en Valencia, que se emocionan cada vez que su hijo les pone en contacto con el pueblo a través del blog, va esta página.

sábado, 8 de enero de 2011

EL MÁRTIR CIPRIANO BUENDÍA MOYA


Internet es una fuente de información de absoluta utilidad cuando se emplea con el noble fin de saber y de descubrir cosas nuevas; archivo de conocimientos y noticias al alcance de todos, adonde cada vez acudimos con mayor frecuencia.
Y así, como si se entrase en un bazar de saberes sin límite, uno se encuentra con noticias como ésta, que yo desconocía, y que tantos más de mis paisanos estoy seguro de que también ignoran. Me ha sorprendido gratamente y me ha supuesto una enorme alegría el descubrirla. Nunca se me hubiera ocurrido imaginar que en un pueblo como el nuestro, de un nivel religioso medio y donde en términos generales nadie que yo sepa apuntamos madera de santos, por lo menos de santos canonizables, haya uno cuya beatificación se encuentre en marcha y que antes o después tenemos la esperanza de ver en los altares.
Por cuanto a su persona, copio literalmente lo que en la Red aparece escrito en la página “Mártires de la provincia de Cuenca”, y que con referencia a don CIPRIANO BUENDÍA MOYA, dice lo siguiente:

«Nació, el día 12 de octubre de 1864, en Olivares del Júcar, Cuenca, de padres católicos, llamados: Manuel Buendía Serrano y Petra Moya.
Estudió en el Seminario de Cuenca y fue ordenado presbítero en 1892, siendo su primer nombramiento el de Coadjutor de Camporrobles. El año 1897 fue nombrado Párroco de Atalaya del Cañavate y en 1904 llegó al pueblo de Castillo de Garcimuñoz con el nombramiento también de Párroco, quedando en dicha parroquia 32 años. Fue muy apreciado por todos sus feligreses debido al cariño que él mostraba por ellos y ser un hombre virtuoso. Especial relevancia tenían las obras de caridad a favor de los necesitados.
La persecución religiosa llegó también al pequeño pueblo de Castillo de Garcimuñoz. El día 24 de agosto de 1936 comenzó su particular camino de la cruz. A última hora de la tarde, tres milicianos armados se presentaron en la casa donde vivía, que lo detuvieron y condujeron a la iglesia convertida en cárcel, donde lo maltrataron y ultrajaron. Después de un largo rato de burla y escarnios, le dejaron postrarse de rodillas en el mismo lugar donde hacía oración habitualmente, lo que volvió a realizar una vez más con gran piedad y devoción, momentos que aprovecharon los asesinos para dispararle varios tiros sobre el anciano sacerdote, muriendo poco después, no sin antes pronunciar palabras de perdón hacia sus mismos asesinos.
Así lo mataron. Después lo enterraron en el centro de la iglesia, desde la mitad del cuerpo hacia abajo, cubriendo lo restante con un paño negro y a todo aquel que a ellos les parecía que era creyente o amigo de la Iglesia, le hacían pasar una noche al lado del Párroco insepulto, “para darles una lección”.
Murió asesinado el día 24 de agosto de 1936, en su propia iglesia parroquial, por ser sacerdote y por odio a la fe.
El recuerdo de su muerte sigue vivo en la Diócesis de Cuenca y tiene fama de mártir.»

Ignoro a qué familia perteneció este santo varón, aunque supongo que algunos de los más viejos del lugar, tal vez se acuerden.
Por otra parte, resulta muy gratificante saber que a un representante del pueblo lo tenemos en las manos de Dios, y que bueno será encomendarle, aunque de momento en devoción privada, tantas cosas, proyectos, necesidades y deseos lícitos, como podamos tener tanto a nivel personal como colectivo; en la confianza de que algún día su imagen tenga su sitio en nuestra iglesia.
La foto de don Cipriano no es buena; pero no hay otra mejor.

lunes, 1 de noviembre de 2010

NUESTROS BARRIOS: EL LEJÍO


Para los lectores que no conocen el pueblo, debo advertir que el Lejío es la plaza mayor de Olivares. Antes tuvo otros nombres y ahora se la anuncia como “Plaza del Ejido”, vocablo que existe en el diccionario haciendo referencia al campo baldío que por lo general existe en las afueras de todos los pueblos, lo que en nuestro caso en nada se ajusta a la verdad palpable; pues el Lejío, como así lo conoce la gente de ahora y de siempre, está en el centro mismo del casco urbano y de él parten calles en todas direcciones y hacia todos los barrios. No niego que el origen de su nombre fuera ese, el Ejido, pero aun así, muchas generaciones lo hemos conocido y reconocido como el Lejío, su nombre popular, y para mí al menos, teniendo en cuenta que el lenguaje es un ser vivo susceptible de cambios por el uso, por la costumbre, por el simple paso del tiempo, perdonad que prefiera emplear al referirme a nuestra plaza el nombre por el que la conocemos todos: el Lejío. Es la plaza en la que se instala el mercado dos días por semana, miércoles y sábado; es la plaza en donde está situado el Ayuntamiento; el sitio en que durante las fiestas mayores del Santo Niño tienen lugar gran parte de los actos y festejos que requieran una importante participación de público, y como en todas las plazas mayores, el lugar común, donde nadie se siente extraño.

A la gente de mi generación, y aun a los más mayores, nos gusta recordar aquel otro Lejío de nuestros años jóvenes, el del famoso olmo centenario que dejó de existir cuando la enfermedad que acabó con casi todos los de su especie; aquel lejío de las escuelas, de la campanilla que hacían sonar dos veces al año: cuando avisaban para cobrar los pastos y cuando nos tenían que vacunar a los niños de las escuelas en el salón de la Secretaría. En aquel Lejío se celebraban las capeas en la plaza de carros cuando la fiesta era en septiembre, y en sus alrededores se situaban los almendreros, el hombre de los barquillos, el del paloduz y el tío de la yesca –de la guiesca decían los incautos que caían en sus redes. ¡Ah!, y el de los piñones de San Clemente, que por dos reales nos llenaba de su producto los bolsillos del pantalón, valiéndose de una vasija de madera con la forma de un medio celemín de juguete. Y fue, sobre todo, el Lejío, el escenario de las grandes partidas de pelota en las mañanas y las tardes de los domingos; partidas de pelota a mano limpia en las que la flor de la mocedad, muy bien considerada y casi mítica en aquellos tiempos, llegaba con el saque y devolvía la pelota desde el mismo tronco del viejo olmo.

Hoy tan sólo queda el sitio, que es el mismo, y un poco la imagen borrosa en la memoria de quienes lo conocimos. Con ocasión del puente de Todos los Santos he tenido la oportunidad de poder dar una vuelta por el Lejío. Una plaza joven, saludable, luminosa, capaz. El reloj del Ayuntamiento marcaba una hora de la media tarde. Donde estuvo el olmo –aunque no del todo en su lugar exacto- hay un plátano voluminoso de abultado ramaje, y a cada uno de sus lados un sauce llorón, muy crecidos los dos y realmente decorativos, que en las mañanas de verano presta su sombra a las tertulias de los incondicionales, sentados sobre los bancos de hormigón de la Caja de Ahorros.