miércoles, 15 de mayo de 2013

Las aves del campo español en peligro


 Con este mismo título publico en el periódico "Nueva Alcarria" de Guadalajara esta semana el siguiente artículo que, por considerarlo de interés para las gentes del campo, ofrezco a mis paisanos y en general a todos los lectores del blog.  
"Las hay tan abundantes y sobre asuntos tan variados, que hace tiempo uno dejó de prestar atención a las estadísticas. Da la impresión de que todo lo que existe necesariamente ha de sufrir un inevitable recuento, un dar noticia previo control de cuanto tenemos alrededor, de su comportamiento y clase. Como primas hermanas que son de las encuestas, las estadísticas por parte del público al que van destinadas suelen tener una aceptación,  una credibilidad relativa, tantas veces por su carencia de objetividad, más todavía cuando el hombre como elemento social entra en juego.
            Hoy vamos a hablar de una estadística muy reciente, que no deja de tener su interés aunque el homo sapiens como especie no entre en juego, por lo menos de manera directa, sino una clase determinada de animales que en ningún caso nos son ajenos como parte integradora del ambiente en el que nos desenvolvemos y que, por motivos que se dirán después, están atravesando de quince años a hoy un mal momento. Estamos hablando de los pájaros más comunes del campo español.
            La asociación conservacionista SEO/Birdlife (Sociedad Española de Ornitología) ha hecho públicos días atrás los resultados sobre el desenvolvimiento por especies de lo que podríamos llamar aves menores del campo español, durante ese anunciado periodo de tiempo. Resultado que no deja de ser preocupante si se tiene en cuenta que algunas de esas especies son propias de nuestros campos y que en algunas de ellas el descenso producido es superior al cincuenta por ciento. Con referencia a la primavera de 1998, el descenso del alcaudón real ha sido de un 57 %; el de la codorniz, pieza especialmente considerada por nuestros cazadores, ha sido de un 53 %; la grajilla común, ha desaparecido en un 44 %; la golondrina, falta de nuestros ambientes en un 41 %; y en número menor, pero no por eso menos preocupante, figura el mochuelo, cuya presencia en nuestros campos bajó un 37 %, en el mismo porcentaje que lo ha hecho el cernícalo vulgar, y en un 34 % la cantora calandria. En dicha estadística figura la perdiz roja castellana, de la que su presencia en la actual primavera es un 16 % menor; y el gorrión común, habitante infalible de los huertos y de las calles de nuestros pueblos que, por tener más medios, tan sólo ha descendido en un 5 %.
            Las causas por las que se está produciendo tal fenómeno son varias, y como cabe suponer provocadas por las nuevas maneras de vivir, así como por el desprecio generalizado a la Naturaleza y la falta de respeto a sus leyes inapelables, de lo que antes o después podrá pasar factura. El desarrollo de la agricultura intensiva, la desaparición de una buena parte de la ganadería y el abandono del medio rural, suelen ser algunas de esas causas; y sobre todas ellas, con una incidencia todavía mayor, figura el uso masivo de productos químicos en la agricultura: abonos no naturales y pesticidas, a lo que se debe añadir la práctica de actividades cinegéticas incontroladas, vaciado de nidos y otras artes tan antiguas y tan dañinas como la existencia del hombre sobre la tierra."    

lunes, 22 de abril de 2013

FALLECIÓ DON BERNARDINO BUENDÍA


    


Esperábamos el triste desenlace y al final se produjo en la mañana del pasado viernes. Bernardino, sacerdote, hijo de nuestro pueblo, dejó de existir después de un largo periodo de sufrimiento en el que las fuerzas naturales le fueron fallando de forma precipitada. Esperábamos que su final llegaría, pero no tan pronto, como me dijo su cuñada Pilar en el momento del sepelio.
            Se había jubilado por motivos de edad hace poco más de una año, tenía setenta y seis, y había dedicado más de medio siglo de vida pastoral a atender como párroco las feligresías de Villaverde y Pasaconsol, Albaladejo del Cuende, Ledaña, Casas del Olmo, Campillo de Altobuey, Paracuellos de la Vega, Quintanar del Rey, y Cuenca (Parroquia de Santa Ana). El último año celebró la Santa Misa diariamente en nuestro pueblo y cubrió alguna a que otra necesidad o urgencia en los pueblos vecinos. En uno de estos compromisos a los que alguna vez le solía acompañar durante el pasado verano, me enseñó en el cementerio del Castillo de Garcimuñoz el humilde enterramiento de nuestro mártir don Cipriano, cuya beatificación esperamos se produzca más pronto que tarde.

           Bernardino fue niño con nosotros por los años cuarenta y parte de los cincuenta. Era rubio, dócil y amigo de todos. Se marchó al Seminario y se ordenó sacerdote el día 7 de junio de 1959. Su primera Misa en nuestra iglesia fue un acontecimiento memorable para la feligresía local como lo sería, algunos días después, la toma de posesión en Villaverde de su primera parroquia. Le acompañamos un número importante de familiares y amigos.
            El acto de su funeral el pasado día 20 fue el magnífico sello final con el que se cerró la presencia en vida de Bernardino entre nosotros. Celebró la Santa Misa el obispo de la diócesis, Mons. José María Yanguas, al que acompañaban como concelebrantes -hubo quien los contó- ochenta y cinco sacerdotes. Un acto emotivo, generoso en cantos litúrgicos como él hubiera querido, en respeto y cariño por parte de sus paisanos y de sus antiguos feligreses venidos desde los diversos pueblos y parroquias de la diócesis que él había regentado en el ejercicio de su sagrado ministerio, hasta el punto de llenar nuestra iglesia a rebosar.

            Bernardino se ha encontrado frente a frente con Dios su Creador, y con Jesús al que en tantas ocasiones tuvo entre sus manos consagradas, y estará en su divina presencia por toda la eternidad. 
    Quedan entre nosotros su hermana Teresa, quien dedicó generosamente a él toda su vida desde que empezó su ministerio; quedan sus cuñadas y sobrinos, que le recordarán como un brillante capítulo de su historia familiar, al lado de los nombres de sus hermanos Paulino y Dionisio, de sus padres Pura y Jesús, que le han precedido en su encuentro con el Padre, y que con motivo tan especial de este acontecimiento también hemos recordado con el mayor afecto.
            Como en estos casos es justo decir, y también poner en práctica, recemos por ellos, por Bernardino en especial como más próximo en el tiempo, conscientes de que las oraciones por él son plegarias de ida y vuelta, de las que nosotros mismos seremos los principales beneficiarios. Que en paz descanse el sacerdote y el amigo            

jueves, 21 de marzo de 2013

Nuestros juegos (IV): "EL AGUARNIZ"


Con esta magnífica visión del campo de Olivares, tomada desde el pretil de la iglesia, quiero dejar constancia para la pequeña historia de nuestro pueblo, de uno de nuestros juegos de niños. Eran los años de posguerra. Lugar, cualquier calle del pueblo: la Plaza, el Legío, mi barrio del Pilar, la puerta de la escuela..., Eran juegos de niños pobres, no había una perra. Los domingos comprábamos por una peseta que reuníamos entre varios, diez caramelos o chupones de fabricación casera en casa de El Zuclero, nuestro recordado Antonio, ya fallecido. Y después, a falta de algo mejor, jugábamos a un montón de juegos ya desaparecidos. De ellos, uno era este: "El Aguarniz", palabra sin origen ni constancia en la Lengua Castellana, lo que quiere decir que era una palabra muy nuestra, que hoy me ha surgido sacar a la luz, como nombre de un juego que consistía en esto:

«Un niño se ponía junto a la pared mirando a los otros, o sentado en un escalón. Este niño tenía por misión tapar los ojos a otro, el que se quedaba, que permanecía agachado, con el trasero en bandolera, y los demás, en corro alrededor, tapándose la boca para disimular y emitiendo un sonido raro, uuu...uuu...uuu... Uno de ellos pegaba un pellizco (repizco, decíamos) en el culo a la víctima. El que tapaba los ojos decía ¿Quién te ha repizcado? A lo que la víctima respondía ¡El aguarniz! y el que dirigía ordenaba ¡Sácalo de la nariz! Éste, el sufriente, tenía que adivinar cuál había sido y sacarlo del corro tirándole de la natriz. Si acertaba quedaba libre, y la lluvia de azotes en la espalda iba sobre el que había dado el pellizco; si se equivocaba, los palos caían sobre la víctima y volvía a quedarse; a empezar de nuevo.»  

Sólo falta que los chavales de ahora lo pongan en práctica. Es sencillo y barato. Los mayores se lo podéis enseñar para jugar en las calles durante las noches del verano, porque en otro tiempo no creo que haya bastantes para echar una partida. Es muy divertido. Así que, manos a la obra. También lo mayores lo podéis, lo podemos, recordar alguna vez. No tiene peligro ni nos quitan puntos del carnet de conducir si nos hacen soplar los guardias. Saludos.      

martes, 30 de octubre de 2012

UNAS HORAS EN EL PUEBLO



        Estuve en Olivares días atrás y encontré al pueblo demasiado solo, ni una persona por las calles. Tarde de sol que aprovechamos para bajar al cementerio y dar un paseo por el campo. El tiempo empeoró a las pocas horas. Días antes las lluvias habían sido generosas con los campos sedientos del término (sesenta litros llegaron a caer en un solo día). El pantano ha empezado a flaquear visiblemente, con arreglo a o que había sido algunos meses antes. Y las lluvias han comenzado a perjudicar, de formas muy dañina, a nuestra iglesia recién restaurada; pues le entra el agua del tejado por todas partes, y lo que es peor, por sitios inaccesibles, como puede ser por detrás del retablo del Santo Niño, donde sus consecuencias son más difíciles de evitar.
        Han pasado tres o cuatro años desde que se rehabilitó la iglesia y la situación resulta realmente lamentable en época de lluvias. Las maderas crujen en las mañanas del verano al menor cambio de temperatura; algunas de las maderas transversales -finas y muy separadas una de otra- se llegaron a romper en los primeros días. Todo de manera incomprensible, sin otro motivo al que achacarlo que al fatal trabajo que se hizo en su día con el fin, ramplón e injustificable, de ahorrar en materiales. Pues toda la cubierta consiste en un fondo de madera (tabla o similar más o menos gruesa), y sobre ello directamente las tejas, sin una capa intermedia de onduline, o de cualquier otro producto al uso, que evite el paso del agua y que a la vez actúe como aislante, del calor en verano y del frío en los días de invierno.

        No debemos olvidar que la iglesia es el único monumento a considerar en nuestro patrimonio artístico, y de ella, el retablo mayor es de lo mejor que existe en toda la diócesis de Cuenca. ¿Que la dotación presupuestaria de la Junta de Comunidades fue suficiente  como para que las cosas se hiciesen de otra manera? Es posible que fuera así; pero la verdad es que no se hicieron de manera correcta. Entramos pues en el complicado terreno de las malas artes, tan al día cuando se trabaja con dinero público. Pero, a alguien habrá que pedir responsabilidades y, desde luego, exigir la reparación inmediata de manera satisfactoria. Es parte del patrimonio artístico de la Comunidad Autónoma, y no estamos dispuestos a verla en la situación semirruinosa en la que estuvo antes, como se puede apreciar en la segunda de las fotografías, por el inaceptable motivo de haberse hecho las cosas mal.         

miércoles, 10 de octubre de 2012

OLIVARES EN "TIERRAS DE CUENCA"



Un prestigioso periodista, amigo y domiciliado en Cuenca, José Luís Muñoz, hace algunos años que se propuso la tarea de escribir una colección de libros con el título genérico de “Tierras de Cuenca”, en la que se ha propuesto visitar, conocer, y escribir un puñado de páginas sobre cada uno de los pueblos de la provincia. Trabajo ímprobo, pero apasionante, del que he podido disfrutar igualmente durante varios años con referencia a los pueblos de Guadalajara.

            Sin prisa, pero sin otra pausa que la que impone el trabajo profesional, José Luís Muñoz va recorriendo la provincia, dividida previamente en comarcas geográficas o históricas, a cada una de las cuales está dedicando un libro. Su sistema es el de andar, ver y contar (escribir en este caso), tomar algunas fotografías de los motivos más representativos de cada lugar, orientarse por algún o algunos paisanos de cada sitio, y con ello, y su bien demostrado talento como autor y buen conocedor de la provincia, sacar a la luz cada cuanto tiempo un tomo más.
            Hace sólo unos días me envió el tomo 9 de esta colección, El sueño eterno. Al borde de Alarcón, publicado recientemente en colaboración con la Excma. Diputación Provincial de Cuenca. Las páginas de la 21 a la 30, ambas inclusive -de este formidable volumen de más de doscientas-, están dedicadas a Olivares, con seis fotografías en color que sirven de apoyo a la exquisita calidad del texto. El resto lo ocupan otros pueblos, desde Belmontejo hasta Alarcón, pasando por Valverde, Villaverde, Hontecillas, Piqueras del Castillo, Barchín del Hoyo, Buenache, Honrubia, La Almarcha y media docena de pueblos más, relacionados por la historia o por la proximidad, con la histórica villa de Alarcón.
            Asesorado sobre la marcha por personas del pueblo, como Orosia, del barrio de San Roque, o Luís Toledo que le acompañó por calles, rincones y fuentes, José Luís Muñoz ofrece en este libro una digna visión de Olivares, un a modo de “flas” con palabras e imágenes, que conviene conocer y conservar. Pienso que no será difícil adquirir un ejemplar, o los que se necesiten, de este libro en cualquiera de las librerías de Cuenca, o dirigiéndose a Ediciones Olcades, que regenta el propio autor, cuya dirección electrónica es la siguiente info@olcades.es

lunes, 20 de agosto de 2012

ACABARON LAS FIESTAS DEL SANTO NIÑO


A horas bien avanzadas de la madrugada de hoy han concluido los actos finales del programa de fiestas en el Lejío, donde por costumbre tienen lugar la mayor parte de los acontecimientos festivos de nuestro pueblo. Para mi uso, y salvo mejor opinión, las fiesta de Olivares se han distinguido en la presente edición por una asistencia importante de público; por unos días de intenso calor; por que los amigos de lo ajeno han hecho algún estrago en los almacenes de las eras (hasta un coche, aparte de otras cosas más que les interesaron, han sido su botín); por que no ha habido desgracia alguna en lo personal, que sepamos, cosa siempre digna de agradecer; y por que el reencuentro entre paisanos que hace tiempo que no se ven, suele ser durante estos días toda una cadena de acontecimientos agradables.


La instalación de una serie de casetas portátiles por las distintas peñas juveniles, frente a las oficinas de la Caja de Ahorros, hay que anotarla como algo novedoso en las fiestas de este año, y de un efectivo resultado para los jóvenes peñistas.
Por cuanto a lo religioso, es justo resaltar el emotivo homenaje a don Germán, el joven sacerdote que ha regido los destinos de la parroquia durante los últimos ocho años; pregonero, además, de las presentes fiestas, quien al concluir la Misa Mayor del día del Niño, recibió los afectos de toda la iglesia a rebosar, con el reconocimiento simbólico de gratitud de una bonita placa conmemorativa, entregada por Pablo, el alcalde, en medio de un aplauso general, largo y cerrado, por parte de los cientos de feligreses

que llenaban el templo, y que nuestro párroco recibió con mal disimulada emoción. Don Germán se marcha como cura encargado de una parroquia de Tarancón, en donde le deseamos lo mejor, a la vez que le agradecemos su estancia entre nosotros, garantizándole sus servicios duran te este tiempo, donde se encontró con una iglesia hundida que era urgente reparar, y con un pueblo enfrentado por motivos que no vienen al caso. Por fortuna, hoy todo es distinto.

En la fiesta particular del barrio de San Roque (la tarde del día 16), un año más nos hemos sentido a gusto. Una fiesta consolidada y entrañable, con su correspondiente procesión por las calles del barrio, y una invitación generosa de un “zurra” excepcional, cacahuetes y cortezas, según costumbre, que es justo agradecer por parte de los asistentes foráneos, entre los que me cuento en calidad de asiduo. En el acto, se bendijo la nueva vidriera de la ermita con la imagen del santo titular, obsequio que fue de Félix Belinchón, vecino del barrio, ya fallecido, de cuya memoria quedará testimonio en la preciosa vidriera que no llegó a conocer, pero que fue su ilusión durante los últimos años que vivió entre nosotros.

Un año nos separa de las próximas fiestas. En sólo unos días el pueblo quedará en su ser natural esperando el otoño, con los cuatrocientos habitantes, más o menos, que viven en él de forma permanente: la quinta parte de los que hace sesenta años llegó a tener. Es nuestro pueblo, el que cada verano por estas fechas nos acoge junto a la imagen menuda de nuestro Patrón, el Santo Niño, presente en la memoria y en el corazón de los olivareños, tanto presentes como ausentes, en un querer común.

(En las fotografías: Procesión del Sasnto Niño por á calle Real; Casetas de las peñas; Don Germán el día de la Fiesta Mayor; y la nueva vidriera de la ermita de San Roque)  

miércoles, 1 de agosto de 2012

CELIA LEÓN, UNA OLIVAREÑA EN VENEZUELA


No sólo es poco frecuente, sino que es un caso insólito el que alguno, o alguna de los nacidos en Olivares, tengan su residencia permanente en otro país. Celia es la única persona -que yo sepa- en la que se da esa circunstancia. Tras la ocupación de nuestra ribera y las mejores tierras del término por las aguas del pantano a mediados del pasado siglo, una de las consecuencias inmediatas fue que se produjera la diáspora de una buena parte del vecindario. Lo fue, por lo general, a otras regiones de España, donde más de un centenar de familias trasladaron su residencia, que después sería definitiva. A países extranjeros también obligó la necesidad de emigrar en busca de trabajo a algunos olivereños; pero siempre por una temporada más o menos larga, que acabaría con su regreso a casa.

Celia León Jiménez, es hija de Aurora y de Augusto; fallecidos los dos, su madre en edad temprana. Cuando sus padres marcharon a Madrid en los años cincuenta, Celia tenía cuatro o cinco años. Con sus padres y con su hermana Esperanza, Celia vivió en la Capital de España hasta que surgió un hecho natural muy importante en su vida: su matrimonio con Fred, iraní de nacimiento, y como consecuencia poco después, su marcha a Venezuela en el año 1979. Hasta entonces, las visitas de temporada al pueblo todos los veranos a casa de la abuela Eloísa y el abuelo Pedro, formaron parte de su juventud, siendo hoy un abundante manantial de recuerdos.

Fred, su marido, que suele venir a España con cierta frecuencia, y a Olivares generalmente algunos días en verano, es director de hotel en la ciudad venezolana de Valencia, donde residen, si bien por razones de trabajo antes tuvieron que fijar su domicilio en otras ciudades de aquel país hispanoamericano.

Celia -si no de profesión, como es el caso de su hermana Esperanza- tiene una importante chispa de artista. Está especializada como afición en la pintura de iconos religiosos, y regenta como trabajo una tienda de artículos (objetos, trajes e indumentaria flamenca) en su ciudad, donde la afición por el folclore flamenco está extendida de forma extraordinaria. De hecho, si ella es en Venezuela una eficiente embajadora del arte flamenco con su trabajo, lo es todavía más su hija Carolina, que ejerce esa recia manifestación del arte hispano como oficio.

Carolina León -su nombre artístico- es un personaje reconocido muy en primera fila en toda Venezuela. Es periodista, pero en aquel país de al otro lado del Atlántico, se la conoce más por su actividad como coreógrafa y profesora de baile flamenco. Regenta una academia con cerca de trescientas alumnas, con las que ha preparado y presentado al público obras tan importantes en ese género como “Bodas de Sangre” de García Lorca, o “Carmen” de Bizet, entre otras. Con su nombre artístico mantiene una página web en la que se da completa noticias de su trabajo en el mundo del arte.

Debo manifestar que tenía verdaderos deseos de saber cosas de Celia, esta olivareña excepcional, lo que conseguí días atrás en un ambiente agradable y familiar en la casa de su hermana Esperanza, aprovechando la estancia de las dos en Olivares. A los temas de conversación relacionados con nuestra protagonista y con su hija Carolina, siguieron otros muy particulares sobre las fiestas del pueblo en sus años jóvenes, y los no menos interesantes sobre la afición a la fotografía de Armando, el marido de Esperanza, especializado en los campos y rincones de Olivares, flores y aves de nuestro entorno, con un amplio muestrario de auténtico profesional. Fantástico. En alguna otra ocasión hablaremos de ello. Una familia de artistas que me han proporcionado el placer de desentrañar y poder sacar a la luz todas estas cosas, en el escaparate informático dedicado a nuestro pueblo.

(En las fotos: Celia con su nietecita Lucía,y su hija Carolina profesora de baile flamenco)