viernes, 24 de septiembre de 2010

PENSANDO EN EL PUEBLO



Pienso algunas veces si no será excesivo el afecto que uno siente por su pueblo. Aunque me cuento entre ese grupo de incondicionales que solemos pasar la mayor parte del verano en Olivares -o tal vez por eso-, no puedo evitar que todos los días me venga a la memoria más de una vez la imagen del pueblo. Quien ha mordido la tierra -decía Paul Claudel- conservará su sabor entre los dientes. Y este es mi caso, y el caso de tantos más, que fuera de toda lógica guardamos por la tierra madre un apego excesivo.
Después del verano, y tras veinte días de ausencia, he vuelto a pasar en Olivares el último fin de semana. La inminente presencia del otoño se había comenzado a notar. La tarde del viernes el pueblo nos recibió con un turbión desmedido. Treinta y cinco litros de agua por metro cuadrado debieron de descargar las nubes en un tiempo récord, media hora tirando de largo. Por fortuna la situación comenzó a mejorar aquella misma noche. Salió el sol a la mañana siguiente. El pueblo se había convertido en pocas horas en un foco de luz, algo así como si las calles, las casas y los campos, hubiesen amanecido dentro de una inmensa bola de crista.
Pero… ¿y la gente? ¿adónde estaba la gente? Los pocos que todavía quedaban como residuo después del verano, -aparte de los residentes, claro está- tomarían las de Villadiego el domingo por la tarde. Sirva como dato orientativo que al medio día del sábado, desde el Calvario hasta la plaza de la Carretera, no encontré ni una sola calma por las calles. No es lo más frecuente que eso ocurra, pero fue así.
A esas horas, en cambio, encontré la plaza del Lejío luminosa, abierta, refulgente, con el edificio del ayuntamiento de un ocre encendido, y a su vera el frondoso plátano que sustituye al recordado olmo concejil de nuestra juventud, con los dos sauces gemelos, uno a su derecha y otro a su izquierda, más sombríos y más llorones que nunca. Un hermoso espectáculo, lo podéis creer.

viernes, 20 de agosto de 2010

ACABARON LAS FIESTAS DEL SANTO NIÑO



Un año más hemos visto pasar las fiestas mayores de nuestro pueblo. Nadie duda que el mal estado del tiempo y la sombra de la crisis económica que atraviesa el país, han tenido mucho que ver para que estas fiestas del 2010 hayan resultado, quizás, las más flojas de los últimos años. El Santo Niño sigue atrayendo de forma masiva a los olivareños repartidos por el mundo. La iglesia ha estado llena de fieles a rebosar, con casi la mitad de los asistentes de pie, sobre todo en la misa mayor del día del Niño; las procesiones bajo la amenaza de la lluvia. Los actos no religiosos, según programa, se han resentido algunos de ellos en interés con respecto a ediciones anteriores, pese a la mejor intención por parte de las autoridades. Estuvo bien la novillada del día 18 y, como siempre, la comida popular de buena vecindad y mejor ambiente del día 19, que a consecuencia de la lluvia persistente de la mañana no se pudo celebrar en el puente del Pozo, su marco habitual, sino en el polideportivo y bajo cubierto. De este encuentro -para mí uno de los más valiosos de toda la fiesta, por lo que tiene de trato cordial entre la gente y la importante concurrencia en un ambiente familiar y distendido- se dio la debida cuenta en alguna de las primeras páginas del blog.

Quiero destacar, no obstante, un acto generalmente minoritario, que cada año se va consolidando y que en esta ocasión ha contado con una mayor asistencia de público, mayor animación y mejor ambiente. Me refiero a la fiesta de barrio que en la tarde del día 16 (con procesión incluida de su Patrón, San Roque) celebran los vecinos de aquellas calles. Es una fiesta simpática, abierta a todo el mundo, a la que poco a poco notamos cómo crece en asistencia y va haciéndose imprescindible en el conjunto general de las fiestas del Santo Niño. No olvidemos que San Roque tiene su fiesta según el calendario el día 16, y que es uno de los santos protectores especialmente venerados en nuestro pueblo desde tiempo inmemorial, con ermita propia y toda una barriada de gente entusiasta que lleva su nombre con orgullo, y le honra cada año con invitación a todo el pueblo en la tarde de su festividad, coincidiendo con la del Santo Niño.
Obsérvese en la fotografía, al lado de la imagen del Santo que encabeza la procesión, la tinaja de limonada con los colores nacionales, preparada para la invitación, y la cesta de los cacahuetes y de los garbanzos torraos junto a una bolsa de cortezas, que ayudan a animar el ambiente.

jueves, 5 de agosto de 2010

OLIVARES CLUB DE FÚTBOL


Esto pudo ser en la década de los años setenta. Después del duro golpe de la emigración que había dejado al pueblo en la mitad de su censo, todavía podrían quedar en Olivares no menos de mil personas. Funcionaban, con buen número de matrícula, cuatro o cinco escuelas de niños y niñas, y había juventud. Entre los mayores de cuarenta años y los menores de esa edad, es posible que el número de habitantes estuviese nivelado.
Como consecuencia de aquel censo de población joven, nada nos debe extrañar que Olivares contase entre lo mejor de los pueblos de la comarca. Todavía lo es, pero ahora con un número bastante inferior de población permanente. Ya por entonces nuestra gente joven comenzó a enamorarse de chicas y de muchachos de los pueblos de alrededor, sobre todo de La Parrilla, lugar con el que los matrimonios de nuestros paisanos y paisanas con chicas y chicos de allí, se cuentan por docenas.
Y teníamos nuestro equipo de fútbol. Creo que ni mejor ni peor que el de los pueblos vecinos con los que solían competir. Se disputaron bastantes encuentros en el campo de Las Columnas, sin que -y esto es importante- entre los equipos rivales se llegase a las manos ni una sola vez, ni siquiera a ninguna de esas situaciones desagradables tan propias de este tipo de eventos deportivos.
Por gentileza de Mercedes, del bar “La Amistad”, puedo ofrecer a los lectores del blog de todo el mundo esta fotografía del equipo local, que seguramente muchos ya conocen por los muchos años que lleva expuesta al otro lado del mostrador. No conozco a todos los jugadores del “Olivares C.F.” que están ahí; pero aun corriendo el riesgo de equivocarme, creo reconocer, entre otros, a Alberto, a Santiago, a Antonio, a Machín, a Piter, a Alfredo, a Ratón, a Jesús, a Manolo…, y a nuestro siempre bien recordado Mario, que en paz descanse, en funciones de entrenador y presidente del equipo. Todos estos jugadores deben de andar hoy entre los cincuenta y los sesenta abriles, si es que alguno, o algunos, no los supera.

La fotografía es de Paco, un profesional de La Hinojo que por aquellos años andaba por los pueblos realizando, por lo general, con su cámara un buen trabajo.

sábado, 31 de julio de 2010

LA IMAGEN DE SANTIAGO EN PIQUERAS DEL CASTILLO



Con motivo del Año Jacobeo, la imagen de Santiago Apóstol de nuestra iglesia acaba de realizar su propios “camino”. Sobre un camión preparado al efecto y acompañado de varias personas del pueblo, la imagen de Santiago, que hace muchos años echábamos en falta a causa de las obras, viajó en la mañana de ayer al pueblo de Piqueras del Castillo, en calidad de invitado a la exposición de imaginería religiosa que cada año promueve la mancomunidad de municipios “La Ribereña”.
Llamó la atención a su llegada al pueblo por su valor artístico y, sobre todo, por su tamaño. La imagen del Apóstol, en plena batalla de Clavijo -según la tradición, sobre caballo blanco- echando una mano a los ejércitos cristianos del rey Ramiro I de Asturias, en aquel célebre enfrentamiento contra las tropas musulmanas de Abderramán II, que la Historia sitúa en la primavera del año 844 por tierras riojanas, es visiblemente el principal atractivo de la exposición.
La estancia de Santiago en la iglesia de Piqueras, junto a otras muchas de los distintos pueblos de la comarca, durará sólo tres días, justo el tiempo señalado en el programa de actos de la “VII Feria medieval”, bien conocida en estos pueblos como uno de los principales acontecimientos culturales que cada verano tiene lugar en la comarca.

(En la fotografía, el grupo escultórico ya sobre el camión en la puerta de la iglesia, momentos antes de salir hacia Piqueras)

lunes, 26 de julio de 2010

LA CRUZ DEL CERRO TEJAO



Es éste uno de los paseos habituales de mis paisanos en las tardes de verano. Carretera de la Almarcha. A la caída del sol los fondos de la Vega arrastran la sombra hasta el otro lado del puente. La temperatura desciende al pasar por allí. Las Peñazas, los primeros huertos. Y más arriba, como perdida en la penumbra, la silueta de una cruz de piedra sobre el leve altiplano del Cerro Tejao. La Cruz del Cerro Tejao le decimos en el pueblo.
Lugares como el nuestro, sin una historia más o menos conocida, cuentan en su favor como recurso con las gracias que suele llevar consigo todo lo que carece de un origen sabido por todos, con un principio o razón que cuente en los polvorientos archivos de alguna sacristía. De la Cruz del Cerro Tejao nadie sabría decir, y mucho menos justificar, desde cuándo está ahí, y mucho menos la razón de su existencia.
Recuerdo haber oído alguna vez, sin una argumentación sólida que lo avale, que allí murió un general carlista en las guerras contra los isabelinos, en una más de las ocasiones en las que anduvo en juego el trono de España, y que aquella cruz la levantaron en su memoria. Me lo contaron así, y así lo cuento, sin atreverme a aportar ni una sola palabra más como dato esclarecedor con un mínimo de fundamento.
El solitario monumento está ahí. Una cruz sólida, de piedra labrada toscamente, compuesta de dos piezas independientes, una formando los tres brazos superiores, y otra segunda que es la columna que le sirve de pie dando lugar al brazo mayor.
Cuántas veces he pensado al recordarla, que con menor motivo y con la simple apoyatura como base de una sencilla cruz de piedra, solitaria en el campo y olvidada de todos, genios de la talla de G.A.Bécquer compusieron leyendas inolvidables, verdaderas piezas literarias que, sin ser historia, eternizan su presencia por sucesivas generaciones, acrecentando ese misterio que en las placenteras tardes de verano y en las gélidas madrugadas de nuestros inviernos, irradia sobre el alma del caminante la Cruz del Cerro Tejao, perdida en la penumbra, mirando con los brazos abiertos, y bendiciendo quizás, al pueblo en la distancia.


(En la imagen, la Cruz en una toma de 1968)

domingo, 18 de julio de 2010

VAMOS SIENDO MÁS


Los incondicionales de cada verano en el pueblo vamos acudiendo poco a poco. Ya vamos siendo más. Esta mañana me di una vuelta por la piscina y el ambiente era estupendo. Es fin de semana. Llevamos varios días en los que el calor se hace insoportable y la gente busca huir como sea de las altas temperaturas. En mi casa, el termómetro que tenemos en el patio oscilaba hoy, siempre a la sombra, entre los 24 grados de las nueve de la mañana y los 32 de las cuatro de la tarde. Dentro de casa se está bien. Es la ventaja que tienen estas viviendas antiguas, de gruesas paredes de piedra, de techos altos, y de cerca de un siglo de antigüedad.
Los hombres de más edad se juntan en el salón del Centro Social, echan su partida de cartas, se toman el bote de cerveza que sacan de las máquinas, y se cuentan sus cosas. Me han dicho que en invierno la concurrencia es mayor, que hacen baile las noches de los sábados y toman café y vasos de chocolate. Me gusta pasar algunos ratos con ellos, allá a la media mañana cuando estoy aquí. El ambiente es distendido y cordial. Se habla del pasado y la gente lo pasa bien.
El pantano va aumentando su contenido. Algunos aficionados, que por lo general vienen de los pueblos cercanos, se colocan por las tardes en las orillas gastando el tiempo y la paciencia a la espera de que la carpa de turno tenga la bondad de picar. Entre la gente del pueblo se ha perdido aquella afición a la pesca de los primeros años.

martes, 18 de mayo de 2010

UNOS INSTANTES JUNTO AL PANTANO




Hacía más de seis meses que no había estado en el pueblo. Ayer, primer día de soleado de esta primavera con intención de permanecer bonancible durante más tiempo, lo pasé en Olivares. La novedad, después de una temporada tan larga para los que vivimos fuera, es el agua del pantano. Visión impresionante que nos recuerda aquella primera subida -más de treinta años atrás-, si bien en esta ocasión no ha llegado a alcanzar, ni mucho menos, los mismos niveles.
Sí que ha conseguido cubrir por completo el puente de la Caserna; apenas se ven de él hasta la mitad aquellos murillos de piedra y cemento en los que se sujetaban los tubos de hierro que servían de barandal sobre el río. Por la enorme cantidad de agua que recibe el pantano, entre el Júcar que baja a rebosar y la que le aporta el canal, procedente de los otros pantanos de la cuenca del Tajo, todo hace suponer que en poco tiempo alcance niveles más altos.
El campo de alrededor está durante estos días de un verde intenso, y los pescadores de carpas ya andan por allí ejercitando su paciencia en las orillas.

(En la fotografía, una vista frontal y otra lateral de la carretera y del puente bajo las aguas)