jueves, 10 de febrero de 2011

CATASTRO MARQUÉS DE LA ENSENADA ( X )


(Continuación y final)


35.- ¿Qué número de jornaleros habrá en el pueblo, y a cómo se paga el jornal diario a cada uno?

A la pregunta treinta y cinco dijeron que hay veinte jornaleros, que regulado el salario de un tiempo con otro ganan cuatro xx en cada uno de los días que trabajen meramente del oficio de tales jornaleros, siendo todos los demás vecinos labradores y ganaderos, a los que así mismo se les regula con otros cuatro xx, y tres a los pastores, y responden.

36.- ¿Cuántos pobres de solemnidad habrá en el pueblo?

A las pregunta treinta y seis dijeron que en esta dicha villa hay catorce pobres de solemnidad, y responden.

37.- Si hay algunos individuos que tengan embarcaciones que naveguen en el mar, o ríos, su porte o para pescar ¿Cuántas, a quién pertenecen, y qué utilidad se considera da a cada una a su dueño al año?

A la pregunta treinta y siete dijeron no haber en esta referida villa lo que en ella contiene, y responden.

38.- ¿Cuántos clérigos hay en el pueblo?

A la pregunta treinta y ocho dijeron que en esta nominada villa hay cinco personas que se estiman y excluyen de los repartimientos por eclesiásticos, que el uno es el expresado señor Cura don Julián Lázaro, don Nicolás García Belinchón, don Antonio Buendía, don Francisco Guijarro, y responden.

39.- Si hay algunos conventos de religiones, y sexo, y qué número de cada uno.

A la pregunta treinta y nueve dijeron que en esta dicha villa ni en su término no hay convento, y menos hospicio de religiosos, y responden.

40.- Si el Rey tiene en el término o pueblo alguna finca, o renta que no corresponda a las generales ni a las provinciales que deben atestiguarse: ¿Cuáles son, cómo se administran y cuanto producen?

A la pregunta cuarenta dijeron que en esta dicha villa y término, no hay ni tiene su majestad finca o renta alguna, no correspondiente a las generales y provinciales, y añadiendo que cuanto llevan dicho es la verdad, y que por tal se afirman y ratifican en ello bajo juramento que tienen hecho y en caso necesario repiten de nuevo. Después de leída se ratificaron en dicha declaración respectivamente, diciendo hallarse escrita en forma y en el modo con que la han dado y que la reiteraron como cierta, siempre y cuando necesario fuese, y expresando el referido Bartolomé de Buendía ser de edad de sesenta y cinco años, Francisco Domínguez de sesenta y siete, y Julián Saiz Abad de cincuenta y ocho; Sebastián García de sesenta, Manuel de Arcas de treinta y dos, Juan Francisco Peñalver de cuarenta; Julián Pinar de treinta y cinco, Simón Gómez de sesenta y siete, Marcos Bermejo de treinta, Pablo Gómez de sesenta, Juan Alonso de Buendía de cincuenta y nueve; José Belinchón de sesenta y cuatro, Francisco Valera de cincuenta y siete, Isidro Belinchón de cincuenta y ocho, Bernardo Domínguez de sesenta; Juan de la Osa de cincuenta y uno, Juan Martínez Moya de treinta y dos, José Martínez de cuarenta y dos; Antonio Valencia de cincuenta y nueve. Todos los que en presencia del referido don Sebastián de la Blanca, cura propio de esta villa lo firmaron, y por el que no un testigo a su ruego junto con dicho señor juez, de todo lo cual doy fe: Licenciado don Pedro Joaquín Martínez de Toledo. Testigo Francisco Domínguez Bartolomé de Buendía. Testigo Manuel de Moya y Belinchón. Julián Saiz, testigo por Sebastián García. Bartolomé de Buendía, testigo por Manuel de Arcas. Manuel de Moya Belinchón, testigo por Juan Francisco Peñalver. Pablo Gómez Valera, Julián Pinar, Simón Gómez; Juan Alonso de Buendía, testigo por Marcos Bermejo, Manuel de Moya Belinchón, Pablo Gómez Valera, Francisco Valera, José Belinchón, Bernardo Domínguez, Isidro Belinchón, Juan Martínez Moya, Juan de la Osa, José Martínez, Antonio Valencia. Ante mí: Francisco Antonio de Moya.

Concuerdan las respuestas insertas con sus originales que con lo demás obrado en las operaciones respectivas a este pueblo, para el establecimiento de única contribución, quedan en esta contaduría principal de mi cargo a que nos referimos. Y para que conste donde convenga, en virtud de lo mandado por la Real Junta, en carta orden de once de mayo del año próximo pasado, lo firmamos en Cuenca, a cinco de enero de mil setecientos cincuenta y cuatro años.
Pedro de Quintana . Acebedo . Lorenzo Grande

jueves, 27 de enero de 2011

FELIZ INVIERNO, AMIGOS


Estoy seguro de que más de dos de los que leáis esto y os fijéis en la fotografía que acabo de colgar, pensaréis que a Pepe se le han acabado los argumentos y que tiene que echar mano a la imaginación para alimentar el blog que, como podéis ver, no se cansa de consumir palabras e imágenes sobre un tema tan concreto como lo es Olivares en todo su contenido, en todo lo que se pueda decir de él.
Es verdad, me queda muy poco que contar, casi nada; pero tampoco quiero repetir siempre las mismas cosas ni estancarme en ideas o noticias parecidas
Son cerca de cien páginas las que van completando el blog con lo hasta ahora expuesto, que para un pueblo como el nuestro es una verdadera pasada. Creo que nunca se ha escrito tanto sobre Olivares, ni se haya podido leer tanto; pues son páginas que llegan a todo el mundo, como podéis comprobar en alguno de los registros que figuran en la parte lateral de la pantalla. En un solo día de este mes de enero contabilicé más de cien entradas, todo un record que jamás hubiese podido imaginar.
Lamento no vivir en el pueblo para estar más cerca de las cosas, de las personas y de los acontecimientos, para vivir el ambiente diario y poder gozar de ellos, como de la fiesta recuperada del Santo Niño de enero, que desde hace algunos años venís celebrando, creo que con toda la pompa y los honores que merece.
Pues bien, todo lo dicho hasta ahora, no es sino un pretexto para justificar la presentación de la imagen que he puesto como cabecera: la bajada en cuesta del barrio del Purgatorio, prueba fehaciente del cambio que en Olivares se ha venido experimentando durante los últimos veinte o treinta años, y que para algunos resultará desconocido, sobre todo para aquellos que desde que se marcharon no han tenido oportunidad de volver. Para ellos principalmente, como Maxi y su señora en Valencia, que se emocionan cada vez que su hijo les pone en contacto con el pueblo a través del blog, va esta página.

sábado, 8 de enero de 2011

EL MÁRTIR CIPRIANO BUENDÍA MOYA


Internet es una fuente de información de absoluta utilidad cuando se emplea con el noble fin de saber y de descubrir cosas nuevas; archivo de conocimientos y noticias al alcance de todos, adonde cada vez acudimos con mayor frecuencia.
Y así, como si se entrase en un bazar de saberes sin límite, uno se encuentra con noticias como ésta, que yo desconocía, y que tantos más de mis paisanos estoy seguro de que también ignoran. Me ha sorprendido gratamente y me ha supuesto una enorme alegría el descubrirla. Nunca se me hubiera ocurrido imaginar que en un pueblo como el nuestro, de un nivel religioso medio y donde en términos generales nadie que yo sepa apuntamos madera de santos, por lo menos de santos canonizables, haya uno cuya beatificación se encuentre en marcha y que antes o después tenemos la esperanza de ver en los altares.
Por cuanto a su persona, copio literalmente lo que en la Red aparece escrito en la página “Mártires de la provincia de Cuenca”, y que con referencia a don CIPRIANO BUENDÍA MOYA, dice lo siguiente:

«Nació, el día 12 de octubre de 1864, en Olivares del Júcar, Cuenca, de padres católicos, llamados: Manuel Buendía Serrano y Petra Moya.
Estudió en el Seminario de Cuenca y fue ordenado presbítero en 1892, siendo su primer nombramiento el de Coadjutor de Camporrobles. El año 1897 fue nombrado Párroco de Atalaya del Cañavate y en 1904 llegó al pueblo de Castillo de Garcimuñoz con el nombramiento también de Párroco, quedando en dicha parroquia 32 años. Fue muy apreciado por todos sus feligreses debido al cariño que él mostraba por ellos y ser un hombre virtuoso. Especial relevancia tenían las obras de caridad a favor de los necesitados.
La persecución religiosa llegó también al pequeño pueblo de Castillo de Garcimuñoz. El día 24 de agosto de 1936 comenzó su particular camino de la cruz. A última hora de la tarde, tres milicianos armados se presentaron en la casa donde vivía, que lo detuvieron y condujeron a la iglesia convertida en cárcel, donde lo maltrataron y ultrajaron. Después de un largo rato de burla y escarnios, le dejaron postrarse de rodillas en el mismo lugar donde hacía oración habitualmente, lo que volvió a realizar una vez más con gran piedad y devoción, momentos que aprovecharon los asesinos para dispararle varios tiros sobre el anciano sacerdote, muriendo poco después, no sin antes pronunciar palabras de perdón hacia sus mismos asesinos.
Así lo mataron. Después lo enterraron en el centro de la iglesia, desde la mitad del cuerpo hacia abajo, cubriendo lo restante con un paño negro y a todo aquel que a ellos les parecía que era creyente o amigo de la Iglesia, le hacían pasar una noche al lado del Párroco insepulto, “para darles una lección”.
Murió asesinado el día 24 de agosto de 1936, en su propia iglesia parroquial, por ser sacerdote y por odio a la fe.
El recuerdo de su muerte sigue vivo en la Diócesis de Cuenca y tiene fama de mártir.»

Ignoro a qué familia perteneció este santo varón, aunque supongo que algunos de los más viejos del lugar, tal vez se acuerden.
Por otra parte, resulta muy gratificante saber que a un representante del pueblo lo tenemos en las manos de Dios, y que bueno será encomendarle, aunque de momento en devoción privada, tantas cosas, proyectos, necesidades y deseos lícitos, como podamos tener tanto a nivel personal como colectivo; en la confianza de que algún día su imagen tenga su sitio en nuestra iglesia.
La foto de don Cipriano no es buena; pero no hay otra mejor.

lunes, 1 de noviembre de 2010

NUESTROS BARRIOS: EL LEJÍO


Para los lectores que no conocen el pueblo, debo advertir que el Lejío es la plaza mayor de Olivares. Antes tuvo otros nombres y ahora se la anuncia como “Plaza del Ejido”, vocablo que existe en el diccionario haciendo referencia al campo baldío que por lo general existe en las afueras de todos los pueblos, lo que en nuestro caso en nada se ajusta a la verdad palpable; pues el Lejío, como así lo conoce la gente de ahora y de siempre, está en el centro mismo del casco urbano y de él parten calles en todas direcciones y hacia todos los barrios. No niego que el origen de su nombre fuera ese, el Ejido, pero aun así, muchas generaciones lo hemos conocido y reconocido como el Lejío, su nombre popular, y para mí al menos, teniendo en cuenta que el lenguaje es un ser vivo susceptible de cambios por el uso, por la costumbre, por el simple paso del tiempo, perdonad que prefiera emplear al referirme a nuestra plaza el nombre por el que la conocemos todos: el Lejío. Es la plaza en la que se instala el mercado dos días por semana, miércoles y sábado; es la plaza en donde está situado el Ayuntamiento; el sitio en que durante las fiestas mayores del Santo Niño tienen lugar gran parte de los actos y festejos que requieran una importante participación de público, y como en todas las plazas mayores, el lugar común, donde nadie se siente extraño.

A la gente de mi generación, y aun a los más mayores, nos gusta recordar aquel otro Lejío de nuestros años jóvenes, el del famoso olmo centenario que dejó de existir cuando la enfermedad que acabó con casi todos los de su especie; aquel lejío de las escuelas, de la campanilla que hacían sonar dos veces al año: cuando avisaban para cobrar los pastos y cuando nos tenían que vacunar a los niños de las escuelas en el salón de la Secretaría. En aquel Lejío se celebraban las capeas en la plaza de carros cuando la fiesta era en septiembre, y en sus alrededores se situaban los almendreros, el hombre de los barquillos, el del paloduz y el tío de la yesca –de la guiesca decían los incautos que caían en sus redes. ¡Ah!, y el de los piñones de San Clemente, que por dos reales nos llenaba de su producto los bolsillos del pantalón, valiéndose de una vasija de madera con la forma de un medio celemín de juguete. Y fue, sobre todo, el Lejío, el escenario de las grandes partidas de pelota en las mañanas y las tardes de los domingos; partidas de pelota a mano limpia en las que la flor de la mocedad, muy bien considerada y casi mítica en aquellos tiempos, llegaba con el saque y devolvía la pelota desde el mismo tronco del viejo olmo.

Hoy tan sólo queda el sitio, que es el mismo, y un poco la imagen borrosa en la memoria de quienes lo conocimos. Con ocasión del puente de Todos los Santos he tenido la oportunidad de poder dar una vuelta por el Lejío. Una plaza joven, saludable, luminosa, capaz. El reloj del Ayuntamiento marcaba una hora de la media tarde. Donde estuvo el olmo –aunque no del todo en su lugar exacto- hay un plátano voluminoso de abultado ramaje, y a cada uno de sus lados un sauce llorón, muy crecidos los dos y realmente decorativos, que en las mañanas de verano presta su sombra a las tertulias de los incondicionales, sentados sobre los bancos de hormigón de la Caja de Ahorros.

domingo, 17 de octubre de 2010

HA MUERTO "CAMARADA"


Ha muerto Camarada. Llevaba bastante tiempo muy enfermo y durante todo el verano se ha estado resistiendo a morir. Camarada fue en el pueblo una persona conocida y querida por todos. Durante los últimos años, a raíz de su regreso al pueblo después de su jubilación, he vivido como una renovada amistad con él. Lo encontré en actitud sufriente y un día pasé a acompañarle unos minutos a la residencia de mayores de Olivares, donde vivió una larga temporada con Dolores, su mujer, hasta que la enfermedad le obligó a regresar a Madrid. Durante ese periodo de tiempo acompañó con el acordeón al coro de la iglesia.
Algunos datos sobre su persona aparecen en otra página de este mismo blog, creo que del mes de marzo o de principios de abril del año pasado. Allí se habla de sus inicios como acordeonista en el pueblo, de lo que la vida -como a cada cual- le llevó a ser mientras estuvo entre nosotros y de lo que ha sido después. Un sinfín de amables recuerdos de juventud, que en la vida de tantos de nosotros hace que Santiago cuente como un personaje más.
Santiago Domínguez, “Camarada”, ha muerto. En sus amigos y familiares, entre los que me cuento, deja el agridulce recuerdo de su memoria: el dolor propio de la pérdida, y ese hálito de indecible felicidad por el simple hecho de haberlo conocido y de haber compartido su amistad. Recuerdo cómo, sintiéndose tan enfermo, una noche me llamó por teléfono y compartí con él unos minutos entrañables. A fin de cuentas, estas cosas son las que se quedan para siempre en la mente y en el corazón.
Descanse en paz Camarada. Que con el sentido recuerdo hacia su persona, llegue hasta los suyos, su esposa e hijos, el testimonio de nuestra sincera condolencia.

domingo, 10 de octubre de 2010

NUESTROS RICOS PRODUCTOS DE OTOÑO




En la página anterior -"PENSANDO EN EL PUEBLO"-parece ser que me mostré un poco negativo al considerar la soledad del pueblo cuando entra el otoño, cuando todos nos hemos marchado después de las vacaciones de verano y el vecindario se queda reducido a la mitad. Pues bien, el pueblo se queda bastante solo, es verdad, pero no muerto sino expectante hasta que llegue el próximo puente o vacación. Allí quedan todavía medio millar de personas que nos representan y que, remitiéndome a las pruebas, no se lo deben pasar nada de mal. El campo de nuestro pueblo, famoso por toda la comarca en tiempos ya lejanos debido a los productos de la ribera, sigue siendo generoso, incluso en no tan brillantes momentos como lo fueron aquellos, y así lo podemos ver en esta bonita foto que me manda Pilar Aranguren, valiosa colaboradora del blog durante las largas temporadas de ausencia, y que, como podéis comprobar se trata de un bonito bodegón, fotografiado del natural, donde aparecen tantos productos del campo de los que poseen abundantemente los que se han quedado allí. Tomates, ciruelas, manzanas, almendras, higos, miel, uvas pasas, zanahorias, y guindillas para quienes opten por aderezar los guisos con sensaciones fuertes, -¡ay qué tiempos aquellos!-, es, según podemos ver en las fotografías, lo que los huertos de la Vega, de las Cañás, de los tablares del Calentejo, de Cañalastejas, lo que la madre naturaleza, siempre generosa con los hortelanos de nuestro pueblo, ofrece cada mes de septiembre a los que se han quedado allí. Eso sin contar con las moras de días atrás y con las setas, que en temporada de lluvias algunas se suelen ver. Las mujeres del barrio del Boleo y del Calvario, según me explican, no están echando el agosto en estos días con los productos del campo, sino el otoño: guardando en conserva mermeladas y tantos de estos productos -creo que en cantidades industriales- para pasar de la mejor manera posible el invierno que se nos avecina. Vamos, quiero decir que tampoco hay que tenerles lástima.

viernes, 24 de septiembre de 2010

PENSANDO EN EL PUEBLO



Pienso algunas veces si no será excesivo el afecto que uno siente por su pueblo. Aunque me cuento entre ese grupo de incondicionales que solemos pasar la mayor parte del verano en Olivares -o tal vez por eso-, no puedo evitar que todos los días me venga a la memoria más de una vez la imagen del pueblo. Quien ha mordido la tierra -decía Paul Claudel- conservará su sabor entre los dientes. Y este es mi caso, y el caso de tantos más, que fuera de toda lógica guardamos por la tierra madre un apego excesivo.
Después del verano, y tras veinte días de ausencia, he vuelto a pasar en Olivares el último fin de semana. La inminente presencia del otoño se había comenzado a notar. La tarde del viernes el pueblo nos recibió con un turbión desmedido. Treinta y cinco litros de agua por metro cuadrado debieron de descargar las nubes en un tiempo récord, media hora tirando de largo. Por fortuna la situación comenzó a mejorar aquella misma noche. Salió el sol a la mañana siguiente. El pueblo se había convertido en pocas horas en un foco de luz, algo así como si las calles, las casas y los campos, hubiesen amanecido dentro de una inmensa bola de crista.
Pero… ¿y la gente? ¿adónde estaba la gente? Los pocos que todavía quedaban como residuo después del verano, -aparte de los residentes, claro está- tomarían las de Villadiego el domingo por la tarde. Sirva como dato orientativo que al medio día del sábado, desde el Calvario hasta la plaza de la Carretera, no encontré ni una sola calma por las calles. No es lo más frecuente que eso ocurra, pero fue así.
A esas horas, en cambio, encontré la plaza del Lejío luminosa, abierta, refulgente, con el edificio del ayuntamiento de un ocre encendido, y a su vera el frondoso plátano que sustituye al recordado olmo concejil de nuestra juventud, con los dos sauces gemelos, uno a su derecha y otro a su izquierda, más sombríos y más llorones que nunca. Un hermoso espectáculo, lo podéis creer.