domingo, 21 de agosto de 2016

TERMINARON LAS FIESTAS


Hemos llegado al final de las fiestas del Santo Niño en Olivares de Júcar, mi pueblo natal. La última página del libro de fiestas concluyó esta madrugada a las seis, con la actuación de la orquesta Maxims en la última sesión de “baile en la plaza”. Como resumen, y salvo mejor opinión que no dudo las habrá, quiero destacar dos actos en los que la gente se suele contar por centenares. Con ello me refiero a la Misa y procesión del día clave de la fiesta (martes 16), y a la “comida popular” en el deportivo (sábado 20), éste, de carácter más familiar, más íntimo, al que por lo general sólo asistimos los hijos del pueblo y familiares.
         El menú es siempre el mismo: caldereta con carne de toro cocinada por hombres, en una docena de recipientes distintos, a modo de concurso, con premio final para la que el jurado considera la mejor de todas; difícil decisión, pues todas son estupendas, si bien, con alguna pequeña diferencia, digamos de matiz. Este año, la comisión nos ha sorprendido con el obsequio, además, de medio melón o un cuarto de sandía por mesa; un detalle que habrá que revisar en futuras ediciones, pues hay mesas o grupos de dos o cuatro comensales, junto a otras de diez, de doce o de catorce. No obstante, se agradece el detalle. La bebida, por parte del comensal.

         Han terminado las fiestas sin que en ellas hayamos tenido algo que lamentar, cosa muy a tener en cuenta; pues suelen ser bastante corrientes los conflictos en este tipo de acontecimientos, casi siempre por exceso de bebidas perjudiciales, que no lo es en nuestro caso. Favor que, como siempre, tenemos que agradecer a nuestro Patrón, el Santo Niño, primer valedor de nuestro pueblo; un pueblo en paz del que no sólo nos sentimos honrados, sino orgullosos.