martes, 15 de diciembre de 2009

LA NEVADA DEL SIGLO




Al decir del siglo me refiero al siglo en que ahora estamos; porque muchos de nosotros las recordamos todavía mayores. De todas formas es digno de celebrar el detalle que el tiempo atmosférico tuvo ayer con nuestro pueblo. Estoy seguro de que los menores de cuarenta años no recuerdan una nevada así. Treinta centímetros de altura en medio del Lejío.


Pilar Aranguren, a la que agradezco estos detalles que tiene con el blog, me ha envíado algunas fotografías que supongo tomaría ayer, día 14. De ellas he elegido, para que los olivareños que no viven allí puedan darse una idea de cómo está el pueblo, las dos que me han parecido más expresivas: rincón de un parque, y el Barranco del Pilar.

jueves, 10 de diciembre de 2009

LAS HOGUERAS DE SANTA BÁRBARA




Buena cosa es que se vayan recuperando algunas de nuestras costumbres perdidas, escalas festivas de tiempo inmemorial que durante las últimas décadas del siglo XX fueron desapareciendo, a la par que la modernidad iba ocupando su sitio y las buenas gentes de los pueblos tuvieron que huir a otras tierras en busca de mejores horizontes para el futuro. En Olivares hubo mucha devoción a Santa Bárbara. Recuerdo que se celebraba, allá por los años cuarenta y cincuenta, con misa, procesión, y baile por la noche.

La noche de Santa Barbára (del 3 al 4 de diciembre) fue la más jolgoriosa de las fiestas de invierno. Se quemaba en las calles de los distintos barrios todo aquel volumen de matas secas que durante más de un mes los chicos conseguíamos recoger por los huertos, ardían las sillas y objetos en desuso que la gente guardaba a lo largo del año para quemar esa noche, y los botillos viejos de vino, los neumáticos de los coches, y todo lo que fuera capaz de arder encontraban en la media noche su glorioso final
Los mozos saltaban por encima de la hoguera al grito de ¡Viva Santa Bárbara Bendita!
Por fortuna son varias las hogueras que de un tiempo a hoy vuelven a iluminar en la noche de diciembre las calles y las plazas de nuestro pueblo. Pilar Aranguren ha tenido el bonito gesto de mandarme fotografías de la hoguera que este año ardió en el barrio del Calvario. Debió de ser un espectáculo impresionante y muy alegre en la noche fría, allá por la zona más alta del pueblo. Funcionarían, ¡qué decir!, la pitanza abundante y nutritiva rememorando las viejas costumbres, los vasos de cubata, de zurra, y las copas de coñac y de anís, como en los buenos tiempos, para hacer frente a las circunstancias.
Por mi parte cumplo con el deber de llevar la noticia al mundo; pues son más de un centenar las personas que nos siguen no sólo desde el nuestro, sino desde otros países de la tierra.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

NUESTROS JUEGOS (III): "LA CÍMINICERRA"


La “Címinicerra” era otro de nuestros juegos que al menos por lo que tiene de gracioso y de poco común, conviene sacar del olvido, procurando que prevalezca aunque ya nadie lo juegue, en el saber popular de generaciones actuales y venideras. De los que hoy vivimos, es muy probable que para los menores de cuarenta años, incluso aun mayores, resulte novedoso. Lo considero, sin duda, como el más nuestro de todos los juegos infantiles; pues no tengo noticia de que en su pureza olivareña, o con alguna posible variante de matiz, se haya llegado a practicar en ninguna otra parte. Es además un juego de muchachos, algo brutote, pero que tiene hasta cierta gracia; y así recuerdo con agrado haber jugado a él tantas veces en aquellos atardeceres y trasnochadas tan añorados de nuestros barrios.
En la “Címinicerra” el que se quedaba, tenía absoluto poder, mucho más que un árbitro de fútbol, porque no estaba sujeto a ningún tipo de reglamento.
Se jugaba así:

Un grupo de chavales, los que hubiera, cuatro o seis, y una correa de las de vestir que solíamos pedir a los abuelos, es todo lo que se necesitaba para empezar el juego.
Uno de los muchachos, el que “se quedaba”: dirigía el juego, para entendernos, cogía con una mano el extremo libre de la correa. Los demás, la sujetaban todos del otro extremo en donde estaba la hebilla. El que dirigía el juego, lo hacía con esta frase:

Címinicerra, panza de perra,
en mi huerto hay un arbolito
de alto, de alto…, así de alto.

Y señalaba con la mano libre la altura sobre el suelo de la planta en la que acababa de pensar. Entonces, sin orden ni preferencias de turno, a grito vivo, el resto de los jugadores empezaban a decir nombres de plantas, que ellos consideraban pudiesen tener esa altura.
- ¡La lechuga!
- ¡No es la lechuga
- ¡La col!
- ¡No es la col!
- ¡La patata!
- ¡No es la patata!
- ¡Las zanahorias!
- ¡No es las zanahorias!
- ¡Las habichuelas!
Y sonaba, todavía más fuerte, la voz del que manda…
- ¡¡¡habichuelazos!!!
Entonces salían todos de estampida, perseguidos por el afortunado que acertó, y que corría tras ellos sacudiendo correazos a diestro y siniestro.
Cuando el director consideraba que se encontraban lo suficientemente lejos, volvía a gritar:
- ¡¡¡A la pelala!!!
Momento aquel en el que todos se volvían contra el de la correa, y si lo pillaban, le revolvían los pelos de la cabeza, lo tiraban al suelo, hasta que la criatura conseguía llegar al sitio de salida, sofocado y sudoroso, para empezar otra vez.
Entre las plantas de marras que más solían aparecer, estaba un arbolito de alto “al ras del suelo”. Cuando ello ocurría, se adivinaba siempre a la primera. Era la correhuela o corregüela, que para nosotros era la correduela.

viernes, 27 de noviembre de 2009

NUESTROS JUEGOS ( I I ): "LAS BUCHAS"



Es otro de los antiguos juegos de muchachos que hace infinidad de años que desapareció. La Plaza de la Carretera o el Lejío solían ser el sitio ideal para jugar a las “buchas”, y la cancha de partidas memorables. Un ejercicio para el que no hacía falta el dinero, como para casi todos los juegos de entonces, y que consistía en lo siguiente:

«Se reunían dos grupos de muchachos, de cuatro personas o más cada grupo. Se echaban pies para saber a cuál de los grupos le tocaba “quedarse” como grupo perdedor, y enseguida comenzaba el juego.

Los componentes del grupo perdedor (todos menos uno que actuaba de vigilante) se colocaban en medio de la plaza, haciendo corro y unidos uno a otro, mirándose de frente y con los brazos por encima de los hombros de sus compañeros. El vigilante tenía por misión defender la bucha, es decir, a sus compañeros unidos en corro, para que los del equipo rival no viniesen a subirse sobre sus espaldas. La partida cambiaba a los perdedores por ganadores y viceversa, cuando el jugador vigía lograba tocar con la mano a cualquiera de los componentes del equipo contrario. Siendo su misión la de correr tras de ellos.

Si un jugador o jugadores conseguían colgarse de la espalda de los que formaban la bucha, estaban fuera de peligro. También cuando cualquiera de los que iban corriendo, perseguidos por el vigilante, se refugiaban en la “chufa” (un espacio en círculo dibujado en el suelo). Cuando alguno de los que estaban acuestas parecía estar a punto de caer, el vigilante no se apartaba de él, agarrándole de la ropa con la mano. Pues en el momento que tocara el suelo con cualquier parte de su cuerpo, se daba por pillado, lo que suponía cambiar el sentido del juego.

Si uno de los jugadores subidos sobre la espalda de cualquiera de las buchas, se veía en dificultades para mantenerse sin caer al suelo, y con la mano del vigilante del equipo rival sujetándolo de la camisa o del jersey de lana -que es la indumentaria que solíamos llevar-, entonces se producían escenas verdaderamente cómicas, por las posturas que adoptaba el de arriba por mantenerse sin caer, y el sufridor que lo estaba sosteniendo, por tirarlo al suelo.»
(En la fotografía otro de los rincones más reconocidos del pueblo, la Placeta de la Cuesta del Moro)

jueves, 12 de noviembre de 2009

NUESTROS JUEGOS (I): ¡PORRITENTE TO EL MUNDO!


Eran juegos aquellos de nuestros tiempos en los que, al faltar el dinero, tenía que funcionar hasta el límite la imaginación. Juegos emocionantes a veces, de mucho gritar y de mucho correr, tanto por el pueblo como por sus alrededores. Juegos que sólo recordamos los que hemos pasado la barrera de la jubilación, y que mucho me temo que si no se le pone remedio se perderán para siempre, sin que de ellos, como parte de nuestra cultura local, quede el más remoto recuerdo.
Intentaré incluir aquí algunos de aquellos juegos, mas fáciles de ejecutar que de contar, pero que en homenaje a la gente de mi generación, voy a hacer el pequeño esfuerzo de recordarlos, por supuesto que con la nostalgia de aquellos tiempos, cada vez más lejanos, en los que capeando el temporal nos sentimos felices, y hoy recordamos con nostalgia.
Haré lo posible por incluir como detalle gráfico alguna fotografía de esos rincones tan recordados y tan cargados de personalidad de nuestro pueblo. Hoy hablaremos del juego de “Los porritentes”

LOS PORRITENTES
En una plaza cualquiera o en una calle se hace una serie de hoyitos en hilera al lado de la pared. Tantos hoyos (porritentes) como participantes entren en el juego; adjudicando después un hoyo a cada jugador.
Desde una distancia de tres o cuatro metros, cada jugador por riguroso turno lanza una pelota hacia los porritentes. Si la pelota cae en uno de ellos, todos los jugadores salen corriendo, mientras que el titular del hoyo se va rápido a coger la pelota. Una vez que la ha cogido, grita ¡Porritente to el mundo!, y en ese momento los demás jugadores se quedan quietos en el sitio donde se encuentren, sin poderse mover. Seguidamente, el de la pelota se queda quieto y la tira con fuerza sobre uno de ellos, casi siempre sobre el que tiene más cerca. Si consigue darle con la pelota, el jugador que recibe el impacto deberá “cumplir” con el que lanzó el tiro, y si no le da, entonces se inicia una nueva partida.
El hecho de “cumplir” consistía en los juegos de niños de Olivares en llevar acuestas al ganador una distancia prevista: cincuenta o sesenta metros, más o menos.
Cuando alguno de los jugadores (esto era común a casi todos los juegos) consideraba que existía alguna irregularidad en el desarrollo del juego, denunciaba al infractor con la frase: ¡Pido emborricate, Fulano! Demanda que quedaba anulada por parte del presunto infractor con esta otra frase: ¡Pido emborricate que no me emborriques, Mengano!, lo que inmediatamente daba lugar a la gresca correspondiente.
(En la fotografía un aspecto de la placita de “Las Juanorras”, entrañable rincón que después de los años seguirá añorando los juegos de niños de otros tiempos)

martes, 3 de noviembre de 2009

EN LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS


La de Todos los Santos es una de las fiestas que suele llevarnos al pueblo cada año empujados por el recuerdo de los nuestros que un día nos dejaron; y allí, junto a su tumba, evocar su memoria, rogar por su descanso eterno, y recordar junto al mármol frío de sus enterramientos tantos momentos de nuestra vida en los que fuimos felices junto a ellos.
Familiares, amigos, vecinos que se llevó la muerte, vienen en ese día a nuestro recuerdo de forma muy distinta. El pueblo, no sólo el nuestro sino todos los pueblos, celebran en el día de Todos los Santos la fiesta de sus difuntos con flores y con oraciones; a veces -cada vez menos- también con lágrimas. Tengo la sospecha de que en Olivares es el homenaje floral el que prevalece sobre la piedad y los sentimientos.
Se dice que la concordia interna en cualquier pueblo o ciudad, así como el grado de respeto y de entendimiento entre sus habitantes, tiene entre otras como referencia el estado de sus cementerios. El cementerio de Olivares era antesdeayer un auténtico vergel. Ya me gustaría que fuese la muestra evidente de que en nuestro pueblo predominan el entendimiento y la concordia entre unos y otros, como una de sus principales señas de identidad.
En todo caso, resulta grato comprobar cómo el lugar sagrado en donde descansan nuestros antepasados y una buena parte de nuestros amigos, aparece atendido como merece. Pienso que, por esto al menos, debiéramos sentirnos orgullosos.
La fotografía fue tomada en la mañana del pasado día uno. Un día de auténtico verano, algo que también es digno de agradecer.

domingo, 25 de octubre de 2009

NOTICIAS DE OLIVARES DE DUERO


Jorge Martín, el autor de la magnífica web que dio motivo a la anterior entrada de nuestro blog, me envía una fotografía del retablo de la iglesia de San Pelayo, en aquel lugar de la otra Castilla cuyo nombre coincide -seguro que sus razones habrá- con el de nuestro pueblo.
Me complace colgar en este blog y con toda urgencia la referida foto, donde nos podemos hacer una idea de la grandiosidad del monumento que poseen, verdadera joya del arte plateresco castellano del que di algunos breves datos días atrás.
Me anuncia Jorge que en su web dará a su vez noticia de nuestro pueblo, quizá en fechas cercanas, cosa que cuando menos nos conforta, casi nos ilusiona. Por mi parte me he comprometido a pasar por Olivares de Duero en la primera ocasión que se me presente, pues con el propio Jorge Martín como guía sería todo un lujo. Pienso que nuestro pueblo está invitado a dar una vuelta por allí. Como muestra de lo que en el otro Olivares castellano podemos encontrar, ahí va la fotografía de su bellísimo retablo, con medio centenar de motivos entre figuras de Berruguete y tablas de Juan Soreda, pintor en la cumbre del Renacimiento Español.
NOTA: Si pinchas sobre la fotografía, la podrás contemplar en todo su esplendor.
Para conocer un poco mejor -algo al menos- este pueblo, repito la dirección de la web de nuestro nuevo amigo que sería: http://www.villadeolivaresdeduero.es/ Espero que le hagais no una, sino todas las visitas que consideréis oportunas.

lunes, 19 de octubre de 2009

LOS OTROS OLIVAREÑOS: OLIVARES DE DUERO


Nuestro pueblo es “del Júcar” desde que la organización de España por provincias se llevó a efecto en el siglo XIX; antes era Olivares, simplemente, como así aparece en la reseña del Madoz, escrita hacia el año 1850.
El motivo que llevó a apellidar a los distintos Olivares -tres en España con categoría de municipio-: Olivares (Sevilla), Olivares de Duero (Valladolid) y Olivares de Júcar (Cuenca), no fue otro que el poderlos distinguir, sobre todo en sentido administrativo, al pertenecer a provincias diferentes.
Cuando la unión o hermanamiento de ciudades y pueblos se ha puesto de moda, cosa que me parece muy bien, no propongo ni pretendo que eso se vaya a hacer con los tres pueblos de España que llevan el mismo nombre, y que entre ellos se llegue a establecer una relación oficial a modo de parentesco. Sí, en cambio, considero interesante, y en tal sentido hago lo que está en mis manos, que sepamos algo los unos de los otros; de ahí que, valiéndome de la gran ventaja de la Red, me haya puesto en contacto con Jorge Martín, autor de la magnífica página de Olivares de Duero, pidiéndole información acerca de su pueblo al menos por el simple placer de poseerla, y con la intención de pasarme por allí a conocerlo un día cualquiera del próximo verano, y así poder contemplar personalmente esa joya plateresca de retablo mayor que tienen en su iglesia de San Pelayo, con 51 tablas del maestro Juan de Soreda e imágnes, nada menos que, de Alonso de Berruguete.
De momento tengo noticia de que Olivares de Duero queda entre Peñafiel y Valladolid, muy cerca de Quintanilla de Onésimo, con el río Duero por mitad que se libra a través de un puente monumental con siete ojos de piedra. Su población es de 325 habitantes aproximadamente, y se encuentra en pleno corazón de la Ribera de Duero vallisoletana, donde no faltan las bodegas de buen vino de Denominación de Origen.
Sus fiestas patronales son las de San Pelayo, el 26 de junio, y las de la Virgen de la Estrella el 22 de septiembre. Es una comarca donde las fiestas suelen ser muy animadas.
La página web de Jorge Martín, muy completa e interesante por cierto, tiene la siguiente dirección, donde podéis pinchar para llegar a ella: http://www.villadeolivaresdeduero.es/
Del otro Olivares, en la provincia de Sevilla, procuraré buscarme algo para incluirlo aquí la próxima semana.
(En la imagen, la procesión de la Virgen de la Estrella hacia su ermita)

lunes, 12 de octubre de 2009

DE LUCES Y SOMBRAS




Para una buena parte de los hijos del pueblo, entre los que me cuento, la iglesia ha quedado muy bien después de las obras de restauración. Nos sentimos encantados y muy contentos con ella, como se ha podido comprobar en las fiestas del Santo Niño, que, pese a tener tan gran capacidad, resultó insuficiente para acoger a tanta concurrencia, feliz por ver recuperada su iglesia, uno de nuestros pesares durante los últimos seis o siete años en los que permaneció cerrada y en estado semirruinoso.
Pero, como en casi todas las cosas en las que interviene el hombre, y tan complejas como ésta lo fue, hay que contar con las consabidas deficiencias, algunas de ellas irreparables, que a menudo ensombrecen el resultado final, como es el caso que ahora nos ocupa.
Me refiero a los lienzos al óleo de los cuatro Evangelistas que siempre vimos en las pechinas del prebiterio, y que por falta de previsión, o de responsabilidad en su momento, dos de ellos, o por lo menos uno, quedó destruido de forma irreparable tras el desplome de la cúpula durante las obras. Por fortuna el retablo, la pieza de más valor en toda la iglesia, no escapó del todo mal para lo que pudiera haber sido, si descartamos algún rasguño y el daño a una de las imágenes que, también por la misma causa, no se retiró antes de que se iniciaran los trabajos.
Luces y sombras como resultado final, al margen de cualquier otra deficiencia que se ha venido observando después, sobre todo en la cubierta de la nave lateral, donde las maderas comenzaron a ceder a los pocos meses de habere sido colocadas.
Valga como recuerdo para muchos de los olivareños que viven fuera del pueblo, las dos fotografías que cuelgo en nuestra particular sala de exposiciones para todo el mundo. Se trata de los dos lienzos que se han podido salvar después del derrumbe (San Mateo y San Lucas), que hoy se muestran en las paredes laterales del presbiterio, pienso que provisionalmente, hasta que se coloquen en los dos círculos frontales del ábside donde estuvieron siempre y donde ahora deberían estar, a falta de los otros dos, cosa imposible.
NOTA: Sólo unas horas después de haber incluido esta pagina en el blog, recibo la desagradable noticia de que la iglesia ha vuelto a ser clausurada porque el techo nuevo no reune la condiciones necesarias después de la restauración. La primera idea ha sido la de eliminar esta página en tanto que las cosas se solucionen; pero creo que con la advertencia a los lectores, mientras tanto, será suficiente. Espero, y esperamos todos, que esas deficiencias de las que algo apuntamos líneas atrás, se solucionen favorablemente en el menor tiempo posible. Y lamentar, claro está, que a estas alturas haya profesionales y empresas que sigan haciendo de la chapuza su seña de identidad sin el menor escrúpulo. ¿Quién es el resposable?, porque debe de haberlo.

jueves, 1 de octubre de 2009

UNA FOTO CON HISTORIA


Sentados a la barra del bar una mañana del pasado verano, me contó Pedro José García que había en su casa una fotografía “con historia”,en la que estaba mi madre con otras mujeres del barrio de la Carretera. Tuve ocasión, días después, de preguntar a su hija Esther cuál era la historia de aquella foto en la que estaba mi madre. Esther me la trajo enseguida; la tenían enmarcada y colgada en algún lugar destacado de su casa.
Es la fotografía que precede a este comentario, naturalmente. La historia de la foto no era otra que, en cierta ocasión -debe de hacer treinta años, o quizá alguno más-, pasó por la carretera un señor extranjero, que al ver el grupo de personas mayores con la rueca de devanar madejas, no tuvo mejor ocurrencia que tirarles una fotografía, con la promesa de enviarles una copia cuando llegase a su país.
El extranjero en cuestión cumplió con su palabra. Un buen día, a nombre de Pedro José García o de Carmen Sáez, su recordada esposa, llegó el sobre con la prometida foto. Es una imagen que desprende paz y que al verla me conmueve. De las personas que aparecen sólo vive una: Eulalia, bastante fastidiada actualmente, por cierto, debido a su avanzada edad. Es la que figura en el lado derecho según miramos la fotografía. Las demás personas son, de izquierda a derecha: la suegra de Félix Hortelano, que en paz descanse; Carmen Sáez, la esposa de Pedro José; Justina, mi madre; el Tío Andrés Díaz; mi tía Elisa, y Eulalia Moya.
Esther me permitió sacar una copia de la foto, y por mi parte le prometí darla a conocer en este escaparate al mundo que es mi blog de Olivares. Lo hago con mucho gusto. Misión cumplida.

martes, 15 de septiembre de 2009

LAS CRUCES DE LA CARRETERA


La fotografía, en calidad bastante deficiente, la tomé siendo muchacho allá por los primeros años de la década de los sesenta. No sé si quedará alguna foto más de las cruces que a un lado y al otro del camino nos solían sorprender a la salida del pueblo, viajando por la carretera de la Almarcha. Consultados algunos de los más viejos del lugar, me han informado de que existieron por lo menos siete. Eran parte de nuestro paisaje. Sólo recuerdo tres de ellas: las dos juntas que hubo cien metros más allá de la Casilla de Pajarito (una es la que aparece en la imagen), y otra tercera en la cuesta del Tesorillo, la llamada Cruz de Marino, que, según el decir de la gente, era algo así como el testimonio de un crimen perpetrado allí y no falto de misterio: En la cuesta del Tesorillo/ está Marino sentado/ con el cigarro en la boca/ y la cerilla en la mano/. Las dos primeras cruces evocaban a personas con nombre y apellidos, asesinadas en aquel mismo lugar el día 20 de septiembre de 1936. (D.León García López. Mártir por Dios y por España + 20-9-1936. De 68 años. Recuerdo de su esposa y hermanos. R.I.P. Padre nuestro). Este era natural de Santa María del Campo Rus, casado, de familia pudiente, daba trabajo a varios hombres y mujeres del pueblo. Después de muerto fueron incautados todos su bienes. La otra cruz, cuya foto no conservo, aparecía en memoria de Nicolás Alfaro López, de 43 años, casado y padre de tres hijos, natural de El Cañavate, labrador; había sido militante de partidos católicos, lo que le llevó a la muerte.
Un día, ignoro por qué, desparecieron las cruces sin que se sepa adonde fueron a parar ni quién mandó quitarlas. Pudo ser un acierto, si con ello se pretendía borrar el recuerdo de aquella locura que fueron los tres años de cruel enfrentamiento entre españoles, que se saldó con casi un millón de muertos. Pero, sea como fuere, el hecho contrasta con la llamada Ley de la Memoria Histórica, promulgada por nuestro Gobierno en un intento -pienso que equivocado- de reavivar el rescoldo de los hechos y de las abominables consecuencias de aquellos años, así como de los inmediatamente posteriores al final de la guerra, los de la llamada represión franquista, que nada bueno aportaron, sino dolor y desolación, a la sociedad española tanto de una como de otra ideología política.

jueves, 20 de agosto de 2009

LAS FIESTAS DEL SANTO NIÑO


Más de veinte fotografías del Santo Niño en artísticos estandartes, se han podido contar en ventanas y balcones por las calles del pueblo durante las fiestas patronales que acaban de concluir. Quizás haya sido esta la particularidad más significativa de la presente edición, a la que en todo caso habría que añadir como nota negativa y fuera de lo acostumbrado la no apertura del bar de temporada “La Cuadra”, así como la cogida con carácter grave del novillero encargado de la lidia en el segundo toro de la tarde del martes.
Por lo demás, las fiestas han sido unas fechas como esperábamos, agradables, que han permitido reencontrarnos con paisanos a los que llevábamos varios años sin saludar, y en las que todo ha transcurrido dentro de la normalidad más absoluta. El programa de actos, ni mejor ni peor que en años precedentes, con la acostumbrada asistencia y participación de olivareños, entre los que considero justo destacar la comida multitudinaria final de fiestas, en nuestro inmejorable salón: el túnel bajo la carretera junto a la ermita de San Isidro, del que ya dimos cuenta en una de las primeras páginas de este blog, y que en la presente edición se ha distinguido porque, a pesar de la experiencia y el buen hacer de los cocineros, la deficiente calidad de la carne no ha complacido a nadie.
La asistencia a los actos religiosos ha sido masiva; la iglesia, habida cuenta de su extraordinaria capacidad, resultó pequeña durante la misa mayor del día del Niño, y la procesión, una auténtica manifestación de fervor acompañando por las calles del pueblo la imagen menuda de nuestro Patrón.
Resultó especialmente emotivo el canto de “La Salve” en la noche del día 15. La iglesia en impecable estado después de su restauración, la banda de música de Villamayor de Santiago amenizando el acto, y la sorpresa final que el pueblo acogió emocionado. Pues un componente de la banda de música, Emiliano Jiménez, hizo uso de la palabra ante el micrófono y se dirigió al público asistente leyendo un mensaje que considero oportuno transcribir en este comentario -para que de él quede constancia a perpetuidad-, y que decía así:

“En este momento, cuando dan comienzo las fiestas en honor del Santo Niño, quisiera aprovechar para dar gracias al Señor por haber estrechado los lazos de amistad entre el pueblo de Olivares del Júcar con nuestra banda de música, “La Juvenil Filarmónica” de Villamayor de Santiago.
Ya son unos cuantos años los que nos conocemos, desde que siendo Luis alcalde nos abrió las puertas de este pueblo, y luego vuestra alcaldesa, María, y vuestra concejala, Rosa, que retomaron aquella iniciativa con un comportamiento ejemplar hacia nosotros de parte de ellas y, cómo no, de todos vosotros. Esta razón fue suficiente para realizar el acto de hermandad el pasado mes de octubre. Una amistad que quedó sellada con la bendición de nuestro Obispo, y como testigo Él, el Santo Niño.
Se me viene a la memoria la procesión de aquel día, donde este Santo Niño, al que me atrevería a decir también nuestro Patrón, tan guapo y tan bien vestido, con esa sonrisa inocente, recorría las calles de Villamayor de Santiago dejando boquiabiertos a todos los que contemplaban en esta imagen la dulzura y la belleza de los niños. Os puedo asegurar que en Villamayor, el Santo Niño cautivó a todo el mundo, ya que no estamos acostumbrados a ver esta clase de imágenes tan dulces.
Solamente quisiera daros las gracias a vosotros, representantes y habitantes de Olivares del Júcar, por formar parte de esa ceremonia de hermanamiento celebrada aquella tarde del mes de octubre, a la que nuestro Obispo, admirado y con asombro, describió de sencilla, organizada, silenciosa, multitudinaria y solemne.
Que el Santo Niño nos conserve esta amistad, y que ésta sea cada vez más grande. GRACIAS.”
El aplauso que recibió este mensaje por parte del público asistente al acto fue sonoro, prolongado, sentido y emotivo.

viernes, 14 de agosto de 2009

PASEO ECOLÓGICO "BARRANCO DEL PILAR"



Era una necesidad urgente la de sanear el Barranco del Pilar, que como bien sabemos fue durante mucho tiempo escenario de nuestras correrías de infancia, más todavía para los que nacimos y vivimos en cualquiera de las casas de su entorno.
Pues bien; parece ser que el Ayuntamiento, aprovechando la subvención del llamado “Plan E” para todos los municipios de España, ha creído conveniente dedicar su importe no sólo a sanear el Barranco, al que vierte parte de las aguas residuales del pueblo, sino trazar y ejecutar una especie de paseo ecológico que lo recorre de principio a fin al lado de los huertos, es decir, desde la antigua fuente abrevadero del Pilar hasta el Cementerio. Está construido sobre pavimento de hormigón y tiene una anchura aproximada de dos metros. A cierta distancia unas de otras, se han instalado algunas mesas tipo merendero que permiten ser usadas por los paseantes siempre que se tenga necesidad de ellas, gozando por añadidura del regalo de la Naturaleza en tan saludable y reconocido paraje, sobre todo en los atardeceres del verano.
Se llega hasta él desde el pilón del Pilar, bajando por escaleras en rampa preparadas con ese fin, y se puede transitar cómodamente a pie a lo largo de todo su recorrido. No deja de ser una interesante aportación para el vivir diario de Olivares, que debe de estimarse en su justo valor.
Como todas las cosas, el paseo ecológico del Barranco del Pilar cuenta de momento con ciertos inconvenientes que suponemos se habrán de subsanar en la medida de lo posible, tales como la eliminación tan a la vista de los desagües que bajan desde el pueblo; o que el furor de las tormentas acabe con él a consecuencia de alguna mala nube de verano como a veces ocurre; o que los enemigos del orden (botellones, gamberreo y demás) lo tomen por suyo y puedan privar al pueblo de su posible utilización, durante esos momentos en los que apetece gozar del regalo de la Naturaleza, como un estimable don necesario y gratuito.
A los olivareños que llevan largo tiempo sin visitar el pueblo, y que haya podido calar en su mente y en su corazón el tul de la nostalgia, estoy seguro de que la simple contemplación de la fotografía que encabeza la presente página -pequeño tramo del paseo-, podrá traerles algún recuerdo lejano. Es mi deseo, y espero que os sea grato.

domingo, 26 de julio de 2009

EL POLIDEPORTIVO "FELIPE BELTRÁN"


EL POLIDEPORTIVO “FELIPE BELTRÁN”

Felipe Beltrán Domínguez está a punto de cumplir los setenta años. Excepción hecha del servicio militar, que cumplió en el Parque y Maestranza de Artillería de Madrid como asistente del teniente Escribano, rara vez ha faltado del pueblo. Felipe es el número seis de una familia de diez hermanos, y durante más de treinta años ha servido al pueblo como alguacil y eficiente empleado del Ayuntamiento; siempre refunfuñando, eso sí, pero cumpliendo con su deber sobradamente, sin que para él hayan existido horarios de trabajo ni días desapacibles para llevar a cabo su quehacer al servicio del municipio. Felipe, con su moto de escasa cilindrada de acá para allá, de un lado para otro por las calles de Olivares, ha sido durante más de tres décadas una imagen habitual.
En reconocimiento a su lealtad, el Consistorio acordó dar su nombre al flamante polideportivo cubierto, que ahí está al servicio de quienes deseen usar de él, como una obra más en favor de la juventud particularmente, y en prestigio para nuestro pueblo.
Felipe, pese a ser amigo, quinto además como dato preciso, y no sé si algún otro afecto más que me una a él personalmente, reconozco que es un tipo extraño, raro como él sólo, muy difícil de conducir. Me ha costado insistirle mucho, casi llevarlo a la fuerza hasta las eras del Pozo, para tomar la fotografía que encabeza el presente comentario. No obstante, lo conseguí, que es todo un logro. Gracias al amigo, y enhorabuena por esta distinción tan merecida.

miércoles, 22 de julio de 2009

LA CASA DE LA CULTURA


Como suelo hacer siempre que estoy en el pueblo en la temporada de verano, días atrás subí a la Casa de la Cultura para renovar mi tarjeta de socio de la Biblioteca Pública, y regalar de paso al interesante fondo de volúmenes con los que ya cuenta algunos de mis libros.
Solía pasarme por allí en veranos precedentes, sobre todo para hacer uso del servicio de Internet siempre que me era necesario. Un ejercicio al que tuve que renunciar debido al desorden reinante en aquellos momentos y a lo que consideré empleo inadecuado de la Red por los usuarios del servicio, casi todos niños. En cambio, funcionaban medianamente bien los diez o doce ordenadores que la Biblioteca posee con este fin en una sala anexa.
Las cosas son ahora distintas; ha cambiado todo. Cuida de estos servicios una asistenta responsable, el orden se respira por todas partes. Cada libro, cada enciclopedia, cada colección o cada revista, se encuentran en donde deben de estar, y el silencio es el apropiado en un establecimiento de esta clase. Se ha distribuido la semana en dos turnos distintos: dos días para jóvenes y personas mayores, y tres para uso de niños y menores; siendo posible de esta manera que cada cual disponga del servicio al menos como en realidad le gustaría, aunque tenga que acomodarse al plan marcado y al turno que le corresponde.
Pero igual que en años anteriores, he tenido que negarme al uso de tal servicio; pues ahora es Internet, o su instalación en la sala de ordenadores, lo que no responde. En este momento hay solo tres equipos en conexión a la red de los que el usuario se puede servir, y que desde la hora de apertura de la Biblioteca quedan ocupados, generalmente, por jovencitas que esperan a la puerta desde media hora antes. La potencia de línea que llega es insuficiente, lo que unido a lo anterior, hace imposible poderse servir como sería el deseo de quienes aquí están, y de quienes venimos al pueblo contando con la ventaja, o con la necesidad, de los modernos medios.
La Biblioteca Pública de Olivares cuenta con un fondo de más de 5.000 ejemplares; suficientes para quienes tengan la inquietud de instruirse en las más diversas materias del saber, de la literatura y del entretenimiento. Me consta que, salvo algunas -muy pocas- honrosas excepciones, la gente no suele usar de ella, ni entre los mayores ni entre los jóvenes, y eso se nota, y se confirma en las visitas esporádicas que se pueden hacer a la sala de lectura de tan recomendable establecimiento.
No he estado dentro de ella, pero también me consta que la “ludoteca”, con diversos juegos para niños, instalada en la planta baja del edificio, tiene un éxito sin precedentes y que funciona como debe funcionar.
El salón de actos de la Casa de la Cultura es ejemplar y cómodo, creo que hasta un verdadero orgullo para Olivares, que aconsejo se conozca y, sobre todo, que se use en beneficio del pueblo, dando fe de que la cultura es un valor que proporciona infinidad de satisfacciones a lo largo de la vida; pero que, como todo lo trascendente, debe cuidarse y acercarse a ella sin miedo y sin prejuicios. En el pueblo todos tenemos ocasión de hacerlo.

viernes, 12 de junio de 2009

BERNARDINO BUENDÍA BELINCHON


Días atrás celebró don Bernardino una misa de acción de gracias en nuestro pueblo con motivo de los cincuenta años de su ordenación sacerdotal , que si mal no recuerdo, tuvo lugar el día 31 de mayo de 1959 en Villamayor de Santiago, con motivo del Congreso Eucarístico Diocesano celebrado en aquella villa manchega.
Don Bernardino Buendía ha ejercido su labor pastoral durante el último medio siglo en las parroquias de Albaladejo del Cuende y Villaverde Pasaconsol, de Ledaña y Casas del Olmo, de Campillo de Altobuey y Paracuellos de la Vega, y finalmente en Quintanar del Rey. En la actualidad atiende la parroquia de Santa Ana en la capital de provincia.
Siempre ha supuesto un motivo de alegría volverme a encontrar, aunque haya sido muy de tarde en tarde, con Bernardino, amigo de juventud. Mis visitas al Seminario de Cuenca en las mañanas de los domingos, siendo estudiante, para pasar alguna hora en su compañía, permanecen tiernas en el recuerdo; también las escapadas al río en bicicleta para bañarnos en vacaciones; y, sobre todo, la marcha a pie por toda la Costa Brava, de Cadaqués a Barcelona, él como asesor religioso del campamento y yo como uno más de los asistentes: la visita al pintor Dalí en su casa de Port Lligat, los bailes de sardanas en las plazas de los pueblos por toda la costa, nuestro encuentro con el viejo cura de Tossa de Mar, Mosén José Soler de Morell, escritor y dibujante, y tantas vivencias más como suelen ocurrir en ese tipo de situaciones, buenas y menos buenas, me han llevado a mantener en favor de Bernardino un cariño especial y permanente.
Con motivo de tan grata efemérides, he vuelto a estar en contacto con él a través del teléfono y del correo electrónico. Hemos recordado cosas, y hemos dado un paso adelante más intentando quitar de la memoria la pátina que van dejando los años de separación. Como persona admirada, respetada y querida por sus paisanos, no podía faltar su presencia en este escaparate al mundo de nuestro pueblo. Enhorabuena al amigo, y a Olivares también; pues siempre es un honor contar entre sus hijos con personas así.

sábado, 23 de mayo de 2009

VIAJE A LA SERRANÍA DE CUENCA


En el verano de 1983 pude ver cumplida una vieja ilusión: la de conocer la Serranía de Cuenca, andarla a pie desde la capital, recoger las impresiones que fueran surgiendo en el camino, y darlas después a conocer al publico a través de la palabra escrita. No sin algunas dificultades, ni más ni menos que las previstas y que ya han pasado al olvido, conseguí mi propósito.
Publiqué dos libros como consecuencia, un “Viaje a la Serranía de Cuenca” de corte literario, y otro posterior como guía de turismo, “La Serranía de Cuenca”. Fueron muy comentados los dos entre la intelectualidad conquense, no siempre al gusto de todos. Es lo primero que se escribía acerca de la comarca más espectacular de nuestra provincia, y eso gustó a muchos, pero a todos no. Ambos se agotaron enseguida.
Del capítulo segundo del “Viaje a la Serranía de Cuenca”, titulado “El camino de la capital”, que hice desde Olivares a Cuenca en la Catalana, trata el cumplido fragmento que transcribo a continuación:

“El coche entró a la plaza con la mitad de los asientos sin ocupar. Ju­lito, el cartero, le entrega al con­ductor una valija de lona ribeteada con los colores nacionales que aparen­temente no contiene nada, y recibe a cambio un envoltorio de cartas, de periódicos, de impresos y de giros postales. Unos al sol de la ventani­lla, otros adormilados sobre los cabe­zales de sus asientos respectivos, los hombres y mujeres que vienen desde la Mancha me miran con indiferencia. Se ve que son viajeros sin costumbre de viajar a los que les duelen las mue­las, señoras que tienen a sus maridos en la residencia de la Seguridad So­cial operados de próstata, chóferes con el plazo acabado del carnet de conducir, soldados que se les terminó el permiso, estudiantes de enferme­ría­... A unos y a otros le trae sin cui­dado la mochila, los panta­lones vaque­ros, los calcetines de lana gorda y las botas de andar del recién llegado.
Fuera de la ventanilla, de una ventanilla que intento abrir pero que no lo consigo, aguarda la salida del autobús la esposa del viajero. Con el ruido del motor apenas si le llega hasta el oído la última recomendación de su mujer que le habla desde abajo.
- ¡Ten cuidado y llama por telé­fono todas las tardes!
- ¡Adiós, procuraré hacerlo!
El coche de línea arranca de inmediato y sale de la plaza sin es­trépito, con desacostumbrada suavidad. Se va calle arriba buscando a las afu­eras del pueblo la carretera de Cuen­ca, que así se llama a partir del em­palme con la antigua general de Madrid devorada por el pantano. El pueblo se ha quedado atrás, despere­zándose, acu­rrucado más allá de los terraplenes que dibuja a su caída el cerro del Horca. Pasadas las eras de las Colum­nas, Olivares se pierde definitivamen­te. A derecha e izquierda del camino se abren con el primer sol, como en un mosaico de luz acabado de estrenar, los ocres de las tierras baldías, los verdes y amarillos cubriendo los cuar­teles de girasol que suben y bajan en delicioso vaivén a merced de la arru­gada piel de la Lastra, los oros páli­dos de la cosecha a punto de hoz sobre una extensión que se escapa al alcance de los ojos.
Por Belmontejo, el sol se hace notar a través de las ventani­llas si­tuadas al saliente. Hay una señora enlutada, rechoncha, con una bolsa en la mano, que espera el autobús en el empalme. Belmontejo queda a cuatro pasos de aquí, a la derecha de la ca­rretera, como extendido en la vertien­te sur del cerro de la Iglesia, miran­do al Riato. La señora, al fin, consi­gue subir al coche por sus propios medios, sin ayuda de nadie, después de un esfuerzo que la ha debido dejar medio deshecha. Una vez arriba, la mujer se da cuenta de que ha olvidado la bolsa.
- ¡Lo que me faltaba! ¡Vamos que...! Anda hermoso, tú que estás más suelto, baja y cógeme la bolsa.
El muchacho se apea del autobús y le sube la bolsa. La mujer, con su equipaje encima, recorre el pasillo buscando un asiento. Para mantener el equilibrio sobre la marcha la mujer se va aga­rrando con la mano libre a los respaldos, tocando casi las cabezas de los viajeros.
- Señora, puede usted elegir el que más le apetezca -le digo-. El co­che viene medio vacío
- Mire, mire; ya lo veo. Prefie­ro donde mejor me dé la sombra, porque en cuanto llevo un rato en el coche, ¿sabe usted?, me da por vomitar.
- Ah, claro. Pues aquí donde yo estoy no se va mal. Si quiere yo me levanto y se sienta usted. A mí me da lo mismo un sitio que otro. Lo que siento es que no sé abrir la ventani­lla si le ocurre algo.
- ¡Ea! Pues, si dice usted que en ese sitio no se marea el personal, me sentaré si me hace el favor.
En tanto que la mujer se acomo­da, me pongo de pie y le sostengo el equipaje en el pasillo.
- Muchas gracias. Que Dios se lo pague. ¿Qué viene usted de la parte de La Roda?
- No señora, vengo de más cerca. Yo soy de Olivares.
- ¿De Olivares del Júcar? Enton­ces será usted abubillo, como tenemos la costumbre de decir por estos pue­blos.
- Pues no lo sé, ya ve usted. Pero, si usted lo dice...
- ¡Ea! Siempre lo hemos oído así. Y a los de La Almarcha les dicen barracos.
- ¡Vaya! Pues eso me parece to­davía peor.
- Oiga: ¿Usted no se marea? –me pregunta.
- No. Yo casi nunca me mareo. Para eso lo mejor es no acor­dar­se, ponerse a pensar en otra cosa.
- ¡Huuiiiii...! Pero qué dice. Usted no sabe cómo me pongo por estas malditas carreteras. Me sube una cosa por aquí, que me pongo malisma.
Al entrar a La Parrilla la mujer lleva la boca tapada con un pañuelo. Los tractores esperan su turno en la explanada de la gasolinera cargados de bidones vacíos. Dejamos a la derecha el desvío y no colamos por el primiti­vo itinerario para recoger a un par de viajeros que esperan arriba, cerca de la antigua fábrica de mantas. La Pa­rrilla es un pueblo distinguido, de gente inquieta y emprendedo­ra con un alto sentido del deber; de gentes que, amando con pasión a su patria chica, se tiran al difícil ruedo de los mil mundos en busca del codiciado pan de cada día que llevar a los suyos. Los parrillanos no se sujetaron nunca a vivir de la tierra, arrastrando el sudor por los barbechos como lo hacen los de sus pueblos vecinos; y, unas veces en el trato, otras con el trans­porte de mercancías, en la pequeña industria, despreciando con valentía los consabidos reveses de la vida nó­mada, han sido siempre un pueblo prós­pero, habitado por una raza especial de gentes simpáticas, laborio­sas y admirables.
- Un poco gitanos, digo. No se vaya a creer, que a éstos no los saca usted a bailar si no va la peseta por delante.
El camino discurre entre campos de labor y oscuros roquedales hasta darse de bruces con el Júcar, cuyas aguas verdes vemos colarse bajo los ojos de un puente romano, luego de haber movido las turbinas de una fá­brica de luz. Por Valdeganga aparecen los primeros pinos. La Serranía la tenemos ya aquí. Por Valdeganga la carretera pasa marcada de continuo por las sombras del pinar. Quedan a nuestro lado las ruinas de un balnea­rio comido a trozos por la desi­dia, nobles paredones derrui­dos de vieja residencia princi­pesca, techum­bres desmanteladas que la maleza se va comiendo poco a poco en medio de un bosque de casta­ños locos, de álamos, de tilos y de zarzamoras.
Mi acompañante, a la que procuro no molestar, anda con el cuerpo re­vuelto. Las curvas y el olorcillo pe­netrante del gasoil tienen eso, que empiezan por nada y acaban destrozando el aparato hasta ponerlo a morir: "Me sube una cosa por aquí, que me pongo malisma". La mujer lleva ahora la boca tapada con una toalla muy limpia que huele a alcanfor. Tiene la cara blanca y los ojos lacrimosos, como en estado de trance. Uno no sabe qué hacer.
- Señora: fíjese bien en aquel pedrusco que sobresale por las capotas de los pinos. ¿A que parece un San Antonio?
- Ande, no diga tonterías, que el sanantonio lo llevo yo dentro.
En la primera curva, con las aguas mansas del Júcar como testigo al otro lado de los árboles, la mujer arroja su sanantonio en la toalla limpia con olor a alcanfor y se queda traspuesta, como dormida, respi­rando hondo, relajada sobre el sillón, con el hatillo de sus males recogido en el halda."

martes, 12 de mayo de 2009

EN LA FIESTA DE SAN ISIDRO



Nadie hubiera podido pensar que allá por las primeras décadas del siglo XII, cuando un humilde campesino de Torrelaguna labraba las tierras de su amo -el noble Ivan de Vargas- en los campos de Caraquiz, su vida ejemplar habría de tener tanta repercusión por siglos posteriores entre los labradores de España.
Fue declarado santo en el año 1622; con anterioridad, su vida había sido escrita en verso nada menos que por Lope de Vega, y aireada en otros sectores de la literatura universal por Torcuato Tasso y por Ariosto en “El Isidro”.
San Isidro, Patrón de Madrid y de los labradores españoles, ocupa un lugar destacado en el costumbrismo festivo de nuestro pueblo, con una celebración popular que tan solo superan en importancia las fiestas de verano y de invierno en honor del Santo Niño. Cosa lógica en un pueblo de labradores, cuya principal fuente de trabajo y de ingresos ha sido la agricultura a lo largo de toda su historia.
Procesión con su imagen hasta la ermita del Santo; Misa al aire libre en la explanada del Pozo, y comida general, a escote, a la sombra de los árboles con un aperitivo previo, donde la gente se lo pasa sencillamente bien.
Soy un habitual de la fiesta de San Isidro, a la que suelo faltar tan sólo por fuerza mayor, y éste año es uno de los que no me será posible compartir tan gratas horas con mis paisanos. Las circunstancias mandan, y bien que lo lamento.
(En la fotografía, don Germán celebrando misa junto a la imagen del Santo, al que acompaña el coro de la parroquia que dirige Camarada)

sábado, 9 de mayo de 2009

"LAS MÚSICAS" EN NOCHE DE MAYOS


Las músicas” se solían cantar por los quintos del pueblo en la noche del dos de mayo. Igual que “los mayos” son estrofas con rima asonante - a – a, y versos octosílabos (la propia del romance) con más contenido que inspiración, como corresponde a los cantares de ronda de origen popular; compuestas probablemente hacia la segunda mitad del siglo XIX. Se suelen repetir -o ser mu parecidas- en muchos de los lugares donde existió esta costumbre, con cierta variación sobre todo en la tonada y en el acompañamiento (almireces, guitarras, laudes, acordeones, etc.)
El texto que sigue es incompleto; pero como muestra de una de las costumbres más arraigadas de nuestro pueblo, bien puede servir. Dicen así:


Principia en nombre de Dios
y de la Virgen María,
por ser la primera copla
que cantamos este día.

Principia en nombre de Dios
y del Espíritu Santo,
bien nos puede ayudar Dios
llevando tan buen encanto.

Principia en nombre de Dios
y de la buena Santa Ana,
y del Niño de la Bola
que lleva al mundo en la palma.

Tres coplillas van cantadas
y con la mía van cuatro,
bendita sea la tierra
donde pisan tus zapatos.

Cuatro coplas van cantadas
y con la mía van cinco,
eres hermosa en extremo,
ni te pongo ni te quito.

Cinco coplas van cantadas
y con la mía van seis,
y la dama que hay adentro
si se asoma la veréis.

Siete coplas van cantadas
y con la mía van ocho,
y la dama que hay adentro
es la espuma del bizcocho.

Ocho coplas van cantadas
y con la mía van nueve,
y la dama que hay adentro
es más blanca que la nieve.

Nueve coplas van cantadas
y con la mía van diez,
y la dama que hay adentro
es más dulce que la miel.

La blanca espuma en la mar
la barandilla en Toledo,
para cantar el romance
la licencia es la que espero.

La blanca espuma en la mar
la barandilla en Valencia,
para cantar el romance
ya está dada la licencia.

La blanca espuma en la mar
la barandilla en Madrid,
para cantar el romance
la licencia ya está aquí.

Para cantar el romance
la licencia nos han dado,
¡ea! pues, amigo mio,
principialó de contado.

Olvidada la memoria
adivina el pensamiento,
a dar principio a mis ansias
es la verdad y lo cierto.

Salí pues una mañana
cuando abril de flores lleno,
tan sólo con su fragancia
los montes, valles y cerros.

Alegre me divertía
y en la maleza me siento,
dándole vista a unos montes
donde pasa un arroyuelo.

Quien ha robado cristales
cría una selva de espejos,
y mirando a la corriente
sobre una alfombra me siento.

Al cabo de un breve rato
de estar sentado yo observo,
que por el agua bajaba
un guante que yo desprecio.

Lo saqué de la corriente
y de afligido lo veo
que todo estaba bordado
con letras finas de oro,
con letras de oro que dicen:
«Yo soy la hija de Venus».

El romance se ha acabado,
perdonad señora mía,
porque no ha sido contado
como vos lo merecía.

El romance se ha acabado
y todo se acabará,
tus amores y los míos
de nuevo principiarán.

***************
A la entrada de esta calle
compañeros cantad fuerte,
que la cama de esta dama
está en hondo y no lo siente.

¡Ea! pues, amigo mio,
habrás dormido con ella,
cuando sabes que está en hondo
la cama de esta doncella.

¡Ea! pues, amigo mio,
yo no he dormido con ella,
que estando mala en la cama
pasé con su madre a verla.

¡Ea! pues, amigo mio,
las señas te puedo dar,
las sábanas son de hilo
y las mantas de percal.

Mis compañeros me han dicho
que nombre una despedida,
los ojos me lloran agua
y el corazón sangre viva.

Quién ha sido el atrevido
que la despedida ha echado,
quién ha sido el atrevido,
pues dígalo de contado.

Pues yo he sido el atrevido
que la despedida eché,
pues yo he sido el atrevido,
qué quiere vuestra merced.

Si lo has sido o no lo has sido
pa que otra vez no lo seas
coge la capa y la espada
y vente conmigo afuera.

¡Ea! pues, amigo mio,
no venimos a reñir,
que venimos a cantar
a puertas de un serafín.

Adiós serafín hermoso,
adiós mi adorado bien,
adiós bien de mi esperanza,
cuándo te volveré a ver.

Despedida y confianza
es bueno saber echar,
porque el dueño de esta casa
es muy noble y principal.

Despedida y confianza,
es bueno saber su nombre,
porque el amo de esta casa
es muy principal y noble.

Despedida vienen dando
por el puente Reventón,
San Juan y la Magdalena
y el glorioso San Antón.

Despedida vienen dando
por la orilla del lugar,
San Juan y la Magdalena
y la Virgen del Pilar.

Despedida vienen dando
por la cuesta del Calvario,
San Juan y la Magdalena
y la Virgen del Rosario.

Por la calle abajo baja
una naranja rulando,
per Cristum dominum nostrum
la Música se ha acabado.

miércoles, 29 de abril de 2009

MAYOS DE LAS MOZAS



Un poco cursis quizá, para los tiempos que corren; pero añorados y respetables como también lo fue toda la larga época en que se cantaron a las mozas, este puñado de estrofas que tanto nos suenan y que muchos de nosotros hemos cantado alguna vez en noches claras por las calles del pueblo. Queden, pues, enganchados desde hoy en la red para general conocimiento, sobre todo para los olivareños en edad madura que viven fuera de la patria chica y que, igual que a mí, les traerán a la memoria aquellos viejos tiempos.
La fotografía con la que se presentan es actual, tomada esta misma primavera por las eras de las Columnas.


MAYOS DE LAS MOZAS:

Estamos a treinta
del abril cumplido,
yo y mis compañeros
sean bienvenidos.

Estamos a puertas
de un fuerte castillo,
yo y mis compañeros
del amor heridos.

Heridos venimos
todos a cual más,
a pedir licencia
si la queréis dar.

Viene tu galán
prometiendo mayo,
con verdes pimpollos
blancos y encarnados.

Encarnada rosa
feliz primavera,
los que han de cantar
tu licencia esperan.

Esperando estamos,
luz de la mañana,
ver el cielo abierto
y el sol en tu cara.

Cara pinta hermosa,
número de apeles,
para dibujarte
no traigo pinceles.

Pinceles son plumas,
una me has de dar
de tus alas bellas,
águila imperial.

Águila imperial
que al sueño reposa,
despierta si duermes
y oirás tu copia.

Copiosos y rubios
tus cabellos son,
tu cabeza es ara
de la discreción.

Con discreción brillan
tus finos pendientes,
formando Cupido
flores en tu frente.

Frente y cejas rubias
tus pestañas brillan,
tus ojos luceros
relumbrante niña.

Relumbrantes son
tus mejillas bellas,
tu nariz al punto
discreción de perlas.

Perlas son tus dientes,
tu boca un clavel,
tu labio chiquito
dulce panal es.

El panal sellado
que a la barba baja,
es dulce y sabroso
que a la nieve cuaja.

Cuaja en finas perlas
tu hermosa garganta,
con venas azules
que al pecho desmandan.

Desmandados torpes
son los que atormentan,
que a la nieve cuaja
frente que alimenta.

De alimento son
señora tus brazos,
con diez ramilletes
de jazmín tus manos.

Manos más divinas
fueron pues pintadas,
cuerpo más perfecto
del galán soy dama.

Del galán soy dama
podéis perdonar,
tu hermosura es tanta
no puedo pintar.

Pintaré tu garbo,
menudito el pie,
chiquitito encanto,
hechicera es.

Hechicera es
aquí esta señora,
FULANA se llama,
de esta calle aurora.

Aurora en tus luces
planté una azucena,
mayo le prometo
sea enhorabuena.

Sea enhorabuena
pimpollo encarnado,
FULANO se llama,
recibe por mayo.

Quiérelo madama,
quiérelo llorosa,
clavel jaspeado,
encarnada rosa.

Encarnada rosa,
azucena blanca,
reina de este pueblo,
de esta calle mapa.

Mapa de galanes,
tan sólo nos falta
una bendición
de tu mano blanca.

Blanquea la aurora
y le dice al sol:
espejo brillante,
quédate con Dios.

Quédate con Dios
que el mayo ahí se queda,
con diez ramilletes
a la cabecera.

Quédate con Dios
que con Dios nos vamos,
hasta el sotro día
que es la Cruz de Mayo.

Adiós alhelí,
adiós azucena,
adiós clavelina,
adiós rosa bella.

lunes, 27 de abril de 2009

LOS MAYOS



Estamos terminando el mes de abril, y ha llegado el momento de hacer referencia a una de las tradiciones más gratas y de mayor peso costumbrista que hubo en nuestro pueblo. Quiero hacer, con ésta y con las dos o tres siguientes páginas, mi pequeño homenaje a “Los Mayos”, transcribiendo las primeras estrofas de cada modalidad, comenzando por los Mayos de la Virgen. En mi libro Olivares de Júcar aparecen las versiones íntegras de todas ellas.

Los Mayos -largo romance de amor, popular en tantos lugares de la Castilla y del antiguo reino de Aragón- los cantaban los quintos del pueblo en la noche del 30 de abril, y “las Músicas” dos noches más tarde. Era costumbre comenzar los Mayos cantando a la Virgen en la puerta de la iglesia. Luego, los quintos se distri­buían en dos grupos y recorrían todas las casas del pueblo cantan­do a las mozas; también a las niñas, pensando en la propina que habrían de recibir por parte de la madre después, y que debían justificar previamente cantando en la noche de mayos.
Por lo general los quintos no eran mal recibidos. Muy pocos solían asomarse a la ventana para saludarlos o decirles alguna cosa. En ocasiones muy excepcionales se les invitaba a un trago de vino o, por el contrario, se les arrojaba un cubo de agua (esto último era lo menos frecuente, pero algún caso se dio). Las muchachas permanecían en vela toda la noche, atentas para escuchar el nombre del "galán" que le echaban por mayo.
El canto se acompañaba con almireces, con raspones acompasa­dos en el vidrio de las botellas de anís, y, cuando ello era posible, con el acordeón, que era el instrumento encargado de hacer los acordes y las variaciones oportunas entre copla y copla.
Cuidando al máximo la fidelidad al texto autóctono, transcri­bo a continuación la letra íntegra de los Mayos -por lo menos los que a mi quinta nos tocó cantar-, de las Músicas y de los Sacra­mentos, que durante tantos años, y siglos quizás, sonaron en su día por las calles y plazuelas de nuestro pueblo:


MAYOS DE LA VIRGEN

Gracias a Dios que llegamos
a cantar aquí a esta puerta,
al templo donde está Dios
lo que llamamos la Iglesia.

Para poder principiar
y dar fin a mis flaquezas,
pedir el sagrado auxilio
a la Celestial Princesa.

A quien humilde y devoto
mi santo ingenio dedico,
a la más Divina Aurora
Madre del Verbo Divino.

Para que pueda pintar
aquella purisma y santa,
que es María concebida
y San José Patriarca

Sacramento, Sacramento,
de la gloria dulce prenda,
sea por siempre alabado
en los cielos y en la tierra.

Sacramento, Sacramento,
Sacramento del Altar,
sea por siempre alabado
sin pecado original

Aquella paloma blanca
que junto al sol tiene el nido,
es el Espíritu Santo
del parapeto divino.

Es la paloma divina
la que nunca cayó en falta,
para subir a su nido
su dulce vuelo levanta.

Es la paloma la Virgen
María llena de gracia,
que subió a reinar al cielo
de virtudes coronada.

Es la Aurora Soberana
de las cortes celestiales,
los ángeles la veneran
por Esposa, Hija y Madre.

La que en el pobre pesebre
parió sin tener pañales
para envolver a su Hijo,
Majestad de Majestades.

Oh, dulce Virgen María,
madre de la tierra y cielo,
y los hombres en el mundo
honran tu poder inmenso.

En fin, Virgen Soberana,
Ave fiel y Sol perfecto,
luna que nunca menguaste,
hermosísimo lucero.

Madre de Dios Soberano,
alumbra mi entendimiento
y gobierna mi memoria
y purifica mi aliento.

Para que con vuestro auxilio
me determine sin riesgo,
a cantaros vuestro mayo
a las puertas de este templo.

Oh, dulce Virgen María,
Madre de la tierra y cielo,
a los que alaban a Dios
poned el remedio eterno.

La que mereció tener
en sus divinas entrañas
al Hijo de Dios Eterno,
Segunda Persona y santa.

La que del fuego infernal
a todo el mundo libraste,
a todos cuantos nacimos
la que más gloria alcanzaste.

La que parísteis a Dios
sin quedaros corrompida,
en el parto virginal
la que nos diste la Vida.

Alta Reina Soberana,
Madre de la tierra y cielo,
a San José Patriarca
por vuestro mayo lo echo.

Aquel galán que en el mundo
fue escogido Padre Eterno,
que le floreció la vara
estando dentro del templo.

Y si estas letras compuse
fue por entrar en tu templo,
y también en tu capilla,
un rato me estuve atento.

Allí contemplé humillado
mis ternuras y lamentos,
del amor ardiente y puro
adiós Reina de los Cielos.

Y para no estar ocioso
su oficio fue carpintero,
se dedicó a trabajar
para poder mantenerlo.

Si en esta vida tuviste
oficio de carpintero,
con que mantener pudiste
a Jesús, Manso Cordero.

Sin perder cruz ni trabajo
Jesucristo entró en los cielos
¿Cómo podremos nosotros
entrar en el reino eterno?

Si rendidos lo imitamos
y lloramos nuestras guerras,
conseguiremos la gracia
y después la gloria eterna.

San José fue el escogido
para esposo de María,
por eso digamos todos:
¡Viva la vara florida!

viernes, 24 de abril de 2009

VOCABULARIO PECULIAR OLIVAREÑO ( y II )


Continuando con el muestrario iniciado días atrás de nuestro vocabulario particular, se expone a continuación una segunda serie de palabras de uso común en nuestro pueblo:


FRENDI: Sus. Cada una de las dos estampillas de cartón que salen de una caja de cerillas. Los chicos los empleaban como moneda de pago al no tener dinero. «Te doy por el trompo cuarenta frendis».
GALILLO: Sus. En Olivares se llama también galillo a la garganta. De chavales solíamos negar alguna cosa diciendo: “No se te atrancará un pelito en to el galillo”, al tiempo que nos dábamos golpecitos en la nuez con la uña del dedo gordo.
GANCHA: Sus. Racimo pequeño o parte menor de un racimo de uvas. «Toma una gancha. Verás que dulces son están este año».
GOBANILLA: Sus. deformación del vocablo "bobanilla", con referencia a la muñeca de la mano. Ninguna de las dos palabras figuran en el Diccionario de la R.A.L. Por extensión, se dice gobanillera a la correa que en ocasiones se emplea para sujetar la muñeca. «Al levantar el saco se me ha resentido la gobanilla y no sabes lo que me duele».
GUACHERA: Sus. Cada una de las señales que quedan en ambos extre­mos de la boca por falta de higiene. Suelen terminar haciéndose heridas. «Has visto que guacheras lleva el crio de la Pepita».
GUACHO: Sus. Chico; muchacho de poca edad. «Se conoce que entra ron los guachos y le destrozaron el huerto».
GÜESPEDE: Sus. Vulgarismo local equivalente a “huésped”. En plural “huéspeda”. Puede utilizarse como equivalente a pícaro: «Menudo güespede estás hecho».
HUSMO: Adj. Goloso; aficionado a comer dulces. «Mi suegra es muy husma; cuando vamos a Cuenca se le van los ojos detrás en los escaparates de las pastelerías».
LONGUERA: Sus. Campo de labor de pequeña superficie. Casi siempre se emplea en diminutivo. «La longuerilla que tengo en Los Coto­rros, este año la voy a echar de pipas».
MAJASIEGA: Es la fiesta familiar que se celebraba con los segadores el día que se acababa la siega de la mies. Se limitaba a una comida especial en casa del amo.
MAJO: Sus. Vestido con ropa de domingo. «Mira, éste ya se ha puesto majo para ir a la boda»
MATAZÓN: Sus. La matanza del cerdo. «El jueves voy de matazón en casa de mi tía».
MELENCHA: Sus. Mechón de pelo que cae sobre la frente. «Estos de la melencha no son de fiar».
MELGUE: Sus. Localismo que se emplea en lugar de mellizo: «Los melgues de Fulano son casi iguales».
MORCEGUILLO: Murciélago. «En mi cámara, todas las noches se nos meten dos o tres morceguillos».
OTRE: Pron. Otro; otra persona. «Mi vecino se va dos meses a trabajar con otre y buen jornal que se saca».
PERRILLA: Sus. un herpes; afección pasajera en el labio. «Se conoce que ha tenido calentura, y mira aue perrilla le ha salido en el labio».
PUMA: Sus. Fruta a modo de ciruela. Es genralmente de color negro y forma oval. «Había en Cañalastejas un arbolucho al lado de la rambla, que en agosto negreaba de las pumas que tenía».
RABISCO: Adj. Rabioso; furioso y temible. «El toro Carpintero es el más rabisco que ha venido a Olivares».
RÁPALA: Sus. Juego de niños con la “rápala”, que es el hueso astrágalo, o taba, de la pata de los corderos. Perder o ganar dependía de la postura en la que cayese.
RASMONAZO: Sus. Sinónimo de arañazo o rozadura fortuita hecha en cualquier parte del cuerpo. «Aún tengo en la pierna el rasmonazo que me hizo el toro el día de la fiesta».
REGOLTIJA: Sus. Vuelta rápida y prolongada. «No sé cuantas regoltijas­ tuve que dar por el barrio hasta que lo encontré»
REPISO: Adj. Arrepentido; que tiene pesar por haber hecho mal alguna cosa. «Fulano está repiso de haberse ido a vivir fuera».
REPIZCO: Sus. Pellizco. «¡Madre, que el chache me ha pegao un repizco en el cuello!»
RESUSTÍA: Sus. Susto que se manifiesta con una convulsión o un gesto espontaneo y brusco. «Cuando vio aquel perrazo cerca de él, pegó una resustía...».
RETRANQUILLA: Sus. Zancadilla. «Al pobre chico le echaron la retranquilla al salir de la escuela y se pegó un sostrazo que aínas se mata»
REZUMBELA: Sus. Peonza. Juguete que se hacía con el extremo de un carrete de hilo de coser y un punzón de madera que se metía por el agujero.
ROCHANO: Muchacho de corta edad que acompaña al pastor (mayoral) en el cuidado de las ovejas. «Me acuerdo que cuando mi padre me ajustó de rochano cobraba nueve duros al mes».
RODILLA: Sus. En Olivares también se conoce por "rodilla" al trapo de cocina. «Chico, acercame esa rodilla que seque la sartén».
ROÑETA: Sus. Trampa. «A mí no me gusta jugar con ese porque hace roñetas».
RULANGO: Sus. Puede aplicarse a cualquier objeto de forma redonda. «Anda, hazme rulangos la barra de salchichón». Con rulangos de hierro jugábamos al calinche.
SAJAR: Verb. Andar hacia atrás. Se suele aplicar al movimiento realizado por vehículos o caballerías. «Empezó a sajar, a sajar, hasta que volcó en la cuneta».
SOSTRAZO: Sus. Porrazo; golpe que alguien se da, generalmente contra el suelo. «Se conoce que dio un mal paso y se pegó un sostrazo que casi se mata».
SOTRO DÍA: Sus. Día siguiente a pasado mañana. «Al sotro día iremos a los toros de Belmonte». «Hasta el sotro día» dice un verso del canto de los “mayos”.
TORNAJO: Sus. Recipiente de madera en el que se preparaba y se servía la comida a los cerdos. «¡Chica, el asqueroso del gorrino me ha roto el tornajo».
TRASPELLAO: Adj. Persona famélica, enfermiza y muy delgada porque pasa hambre. «Si no fuera por las huertas, cuando acabó la guerra estábamos traspellaos todos los del pueblo».
TIRULETA: Sus. Voltereta. «Cuando las eras, menudas tiruletas que nos pegábamos por la tarde en las eras».
VACA: "ir de vaca". Acuerdo entre dos jugadores para compartir ganancias y pérdidas en el juego con dinero común. Usual en los juegos de chicos: calinche, pulso, ronde, chapas, montones... "¿Quieres que vayamos de vaca? No, que tú pierdes muchas veces."
VEDREAO: Sustantivo procedente del participio vidriado. Se usa en Olivares para nombrar a los tenderetes ambulantes que a veces instalan en la plaza, y en los que se vende de todo, pero de manera especial vasijas y utillajes de vidrio, barro esmaltado, loza y porcelana. «En el primer vedreao que venga tengo que comprar una redoma».
ZAMARRO: Sus. Apelativo que denota desprecio. Se aplica a las personas lentas, pesadas, inactivas y de poco espíritu. «Ese, menudo zamarro está hecho».

lunes, 20 de abril de 2009

AGAPITO


Que el lamentable hecho del que ha sido víctima un paisano nuestro haya sido noticia nacional, repetida hasta la saciedad por la TV y otros medios tanto hablados como escritos, bien vale la pena traerlo aquí adonde por el milagro de la red las noticias y los comentarios, el pasado y el presente de nuestro pueblo, puede llegar a cualquier parte del mundo y permanecer expuesto al gran público durante el tiempo que se desee.
Agapito Cantero, con cuarenta y cinco años desempeñando en Madrid su oficio de joyero y relojero, se ha visto obligado a cerrar el negocio que durante todo ese tiempo fue su único medio de vida, obligado por la falta de seguridad que estamos padeciendo y que él ha sufrido en sus carnes un rosario de veces, con riesgo de su vida en más de una ocasión.
¡Qué decir! Lo sentimos, sí, y mucho. Creo que todos nosotros hubiéramos hecho lo mismo en circunstancias similares; incluso no hubiésemos llegado a aguantar tantos atracos como los que él ha sufrido en su pequeño establecimiento de la plaza de Manuel Becerra. Es la falta de valores, hasta los más imprescindibles para andar por la vida, lo que en nuestra sociedad prevalece, el imperio del “todo vale” es lo que prima en este periodo de la historia que nos ha tocado vivir, y que está encontrando cobijo en una buena parte de la sociedad sin que quienes tienen no sólo el deber, sino la obligación de poner remedio, hagan lo posible por poderlo evitar. De seguir así, llegará el momento, no demasiado lejano, de encontrarnos con que somos ciudadanos de un mundo no apto para vivir siguiendo los cánones más elementales que requiere una sociedad civilizada.
Hace unas noches lo he visto llorar de emoción e impotencia en un programa de televisión. Comprendo su dolor. Pienso que, dentro de lo malo, el Santo Niño ha estado con él; podría haberle ocurrido algo peor. Ha tomado una medida acertada que debió haberla tomado antes.
Todo ha pasado ya, amigo Agapito. Urge hacer frente al futuro partiendo de lo que ahora tienes, que todavía es mucho. El pasado es agua que se fue, y la vida, a pesar de estas cosas, aún es posible vivirla con el apoyo de la familia, y de los amigos, una verdadera riqueza que jamás podrá robarte nadie.

viernes, 17 de abril de 2009

VOCABULARIO PECULIAR OLIVAREÑO ( I )


VOCABULARIO PECULIAR OLIVAREÑO ( I )

Cuando José Luís Pecker, -famosa estrella de la radio española allá por los años sesenta- se encontró con el “vocabulario peculiar olivareño” que incluí en mi libro sobre nuestro pueblo, me llamó enseguida por teléfono pidiendo le invitase a venir, pensando que en Olivares se hablaba una extraña variante del idioma castellano. Hace dos años que ha muerto sin ver cumplido su deseo.
En Olivares no se habla un castellano especial. Lo que si están en uso entre la gente mayor son una serie de palabras cuyo significado no conocen los que viene de fuera. Se trata de una larga serie de formas léxicas que encontraron acomodo en el hablar de nuestro pueblo y se quedaron allí, y allí cohabitan con el castellano que se habló siempre y con los nuevos vocablos que a diario nos trae la tecnología moderna.
Se trata por lo general de localismos, arcaísmos, modismos, y otras palabras sentenciadas a desaparecer, que conviene hagamos lo posible por evitarlo.
(En ésta y en la siguiente página incluiré una buena muestra de ellas)


VOCABULARIO:




AINAS: Adv. Casi; «Te he visto muy mal. El toro ainas si te engancha.»
ALBARILLO: Sus. Albaricoque. «En casa de Julio venden unos albari­llos muy buenos»
ALLÁ ONES: Exp. de lugar. «Expresión muy usada en otros tiempos. Significa allá lejos. «Mi primo llegaba con la honda hasta allá ones».
ARRECHONCHA: Sus. Cuando ocurre una irregularidad en una partida de cartas se dice "arrechoncha" y se repite el juego. «Nada, nada, arrechoncha y el juego no vale»
ARREGOSTAO: Ppio. Con ganas de repetir. Suele emplearse en su forma negativa. «Fulano no quedó arregostao a tirarse a la piscina sin saber nadar».
ARRENDAR: Verb. Repetir en tono de burla delante de él lo que otro dice. «Anda, cállate. Si quieres le arriendas a tu padre»
BORRUCHO: Sus. Hijo joven de burro y burra. "En la fuente de Cañalastejas había que beber a borrucho"
BORRUÑO: Sus. Trozo de goma, por lo general de suela de alpargata, en forma de pequeño disco, que los muchachos empleábamos para jugar lanzándolo contra el suelo y la pared, a ver quién conseguía elevarlo más.
BULLE, AL: Sus. Tirar al bulle. Arrojar algo, monedas o caramelos hacia arriba para que los chicos, al caer, lo recojan. «Atentos, que voy a tirar caramelos al bulle».
CAGUETA: Sus. Diarrea. «Calla hombre, calla; si es que no puede salir porque tiene cagueta.
CAPOTE: Sus. Dar capote. Es el nombre que se aplica al hecho de dejar a uno sin comer o sin cenar por haber llegado tarde. «Mira; anoche me entretuve en el bar más de la cuenta, y cuando llegué a mi casa me habían dao capote».
CARRETA: Sus. Cacahuete con tres o más granos. «Mandé al guacho a comprar alcahuetes y los trajo muy hermosos, casi todos carretas».
CHIVATO: Sus. Cabrito, hijo de la cabra. «La cabra de mi vecino parió ayer en la dula y el chivato se lo trajo Amosete en la borrica».
CHIMBOMBO: Sus. Hinchazón en la frente u otro lugar de la cabeza como consecuencia de un golpe. «Ya ves, se ha caido jugando en el recreo y fíjate que chimbombo se ha hecho».
CHUSTA: Sus. Mota incandescente que se desprende de la lumbre. «Fue una cosa tonta. Se conoce que saltó una chusta de la lumbre, y fíjate la que se ha montado».
CIRINGONCIA: Sus. Guiño o movimiento extraño y repentino; giro impre­visto. «Salió el perro por el camino de las Atalayas a todo correr, pero al llegar al barranco, la liebre hizo una ciringoncia y se le escapó».
CURCUSILLA: Sus. Es el nombre del hueso de la rabadilla. «Se cayó del remolque y casi se destroza la curcusilla. Aún dice que le duele.»
CHACHE,A: Sus. Es el nombre con el que en la familia se distingue al hermano mayor.«¡Como me pegues se lo digo a mi chahe y ya verás!»
CHAPETA: Sus. Infección en los labios, generalmente en el labio inferior, a consecuencia del aire y de la falta de higiene. Con algo de sorna suele llamar­se también "saigué". «Cuando llega el agosto, se le prepara una chapeta que le dura hasta nochebue­na».
CHIRI: Sus. Muleto joven hijo de caballo y burra o de asno y yegua, no útil aún para el trabajo. «¿Te acuerdas del chiri aquel que compró mi padre hace muchos años allá por la sierra?
CHOTA: Sus. Llantina. También se le dice barraquera. «Como no le dio su madre el capricho, le entró una chota que no había manera de hacerle callar».
CHUCHURRÍO: Adj. Pocho, estropeado, pasado de sazón. «Trajo una cesta de ceremeñas que estaban casi todas negras y chuchurrías».
CHURRO: Sus. Ternero, hijo de la vaca. «Me acuerdo un año que compró mi padre un churro en la feria de la Parrilla, y cuando no nos veía nadie íbamos los muchachos y lo toreábamos en el corral»
CHUSCARRAR: Verb. Metátesis de churrascar, que sería la expresión correcta. Tostar, quemar el pelo. «En casa de mi padre chuscarra­ban el gorrino con aliagas».
DESALIÑO: Sus. Muestra apetitosa de la antigua gastronomía de otoño. Lleva masa, uvas negras en su interior, y harina por fuera que, al cocerlo, se tuesta en el horno. «Hace por lo menos veinte años que no pruebo el desaliño».
DUZ: Adj. Dulce. «Me gusta mucho lo duz. Al café le echo dos o tres cucharadillas de azúcar».
EMPENTAR: Verb. Tocar, apoyar. «No te empentes en la pared porque mancha».
EMPORCAR: Verb. Sinónimo de ensuciar. «Anda, vete de aquí que me estás emporcando el pasillo».
ENANTES: Adv. Hace un momento. «Tu primo ha estado enantes aquí tomando un botellín con nosotros».
ENORECER: Verb. Oxidar; ponerse feo un metal. «Esa cadena es mala, yo creo que ya se está empezando a enorecer».
ENTOBAR: Verb. Empapar en agua un madero. «Pues mira, en casa de mi padre ya han puesto en agua el tarugo del trillaor para que se entobe».
ESCULLAR: Verb. Vaciar el puchero en la cazuela donde comerá la familia. Su dicción correcta sería “escudillar”: «Cuando llegué anoche a casa, mi madre ya iba a escullar la cena».

domingo, 5 de abril de 2009

AL PUEBLO EN SEMANA SANTA


Aunque habitual, y hasta un poco fanático del pueblo como puede verse, hace seis o siete años que ni personalmente ni en familia voy por allí durante la Semana Santa; justo desde que clausuraron la iglesia por no reunir las condiciones necesarias de seguridad para cumplir con su cometido como templo parroquial.
Solucionado el inconveniente después de tanto tiempo, reinicio el obligado viaje a Olivares para vivir en el saludable ambiente del pueblo estos días de tranquilidad, de fervor, y de trato con tantos amigos desparramados por los lugares más insospechados de nuestro país.
La Semana Santa en nuestro pueblo son fechas también para el recuerdo. Durante estos días suelen afluir a la memoria lejanas imágenes de situaciones y de personas, hoy diferentes o desaparecidas. La Semana Santa no es en Olivares como antes era, ha cambiado mucho, en su aspecto estético a mejor, qué duda cabe; y pienso en la primera edición, cuando surgió el cambio que incluso nos llegó a emocionar, en un intento de parecerse en algo a la de la capital de provincia, propósito que en una buena parte se ha conseguido. Por cuanto a fervor religioso el cambio, si es que lo hubiese habido, no ha rayado a tanta altura. Olivares es un pueblo que siempre fue respetuoso con todo lo que merece ser respetado, y vivió estos días con el respeto debido; pienso que con mejor voluntad que sentido religioso. El laicismo en moda, que intenta corroer hasta lo más sagrado de nuestras vidas y de nuestras tradiciones con el solo propósito de acabar con ellas, es posible que se nos pretenda colar por cualquier resquicio sin aportar a cambio nada mejor. Sería una pena; pues para creyentes y no creyentes la Semana Santa ofrece, cuando menos, la satisfacción de reencontrarse con tus gentes, con los que siempre te sientes a gusto, en un ambiente entrañable y familiar que nos invita a ser más solidarios, a alimentar la amistad, a ser mejores.
En la imagen, un aspecto de la parada en el Calvario de la procesión del Vía Crucis durante la mañana del Viernes Santo.

sábado, 28 de marzo de 2009

BODA EN SANTA MARÍA DE ALARCÓN


Hoy se cumple una semana de la boda de mi hija. Han sido varias las llamadas telefónicas que he recibido de amigos, familiares y conocidos, pidiendo que incluyese en cualquiera de mis blogs alguna fotografía del acto. No me había planteado hacerlo por lo que el momento en sí tiene de personal y de íntimo. Al final me he decidido, creo que por razón de justicia, y lo hago en el blog que dedico a nuestro pueblo ¿Dónde mejor?
Mari Mar y Andrés quisieron casarse en una de las iglesias más artísticas de la diócesis de Cuenca y en uno de los pueblos más bonitos de la provincia por su situación, su historia, y el mucho arte que conserva en sus iglesias. Alarcón, iglesia de Santa María. Sábado 21 de marzo, día en el que entró la primavera, una mañana estupenda de sol.
Como familias católicas y creyentes, tanto la nuestra como la de Andrés, nos hemos emocionado durante la celebración del matrimonio-sacramento en aquella iglesia especialmente hermosa, más todavía habiendo sido otro de mis hijos, Fernando, el que los casó como ministro de la Iglesia, actuando de concelebrantes los sacerdotes de Motilla, Villanueva de la Jara, Alarcón, y El Picazo, este último el pueblo de Andrés.
Una experiencia nueva, que unida a la de mi propia boda y a la ordenación sacerdotal de mi hijo, creo que han sido las fecha más señaladas de mi vida, y de la vida de Paquita, mi esposa, también.

martes, 24 de marzo de 2009

AULA DE EDUCACIÓN DE ADULTOS


La profesora se llama Pilar Aranguren Soto, nacida en el vecino lugar de La Hinojosa y casada con Jesús Beamud, un olivareño de toda la vida residente en nuestro pueblo. Las alumnas se llaman Gregoria, Pilar, Adoración, Luisa, Victoria, Felisa, y así hasta un total de veinticinco, entre las que se cuentan dos varones emigrantes con residencia temporal en Olivares.
Este grupo de formación se llama “Aula de Educación de Adultos” y lleva funcionando en Olivares desde el año 1992, en servicio muy especial como resultado de un convenio entre la Junta de Comunidades y el Ayuntamiento.
El Aula funciona durante tres horas cada día laborable adaptándose el nivel del alumnado: 12 alumnas de alfabetización; 6 de consolidación de conocimientos; 5 alumnos de Español para extranjeros, y dos para la Prueba Libre de Graduado en Educación Secundaria (antiguo Graduado Escolar). Al final del pasado curso, y creo que por primera vez, publicaron una interesante revista sobre temas exclusivamente olivareños, que titularon “Las Palomas”, en homenaje a una de nuestras fuentes más conocidas.

Hasta aquí los detalles estadísticos y de carácter académico que conviene conocer, y a los que se ha de añadir el reconocimiento que en cualquier caso merece una labor de tanto mérito como el que Pilar Aranguren está realizando en favor de nuestro pueblo.
Señoras mayores de cincuenta años, creo que todas ellas, hasta superar los ochenta alguna de las alumnas asistentes, es algo que uno recibe con emoción; pues desengañémonos, amigos míos, que mientras no se demuestre lo contrario no hay mejor inversión -no sólo de dinero, sino de tiempo incluso- que la cultura; que no está reñida con el ocio bien administrado y con pasarlo en la vida lo mejor posible. Se pueden tomar cuando llegue el caso dos o tres cervezas en el bar, o un whisky en casa, y después ponerse a leer un libro en los muchos ratos de asueto que nos quedan a lo largo del día. Yo lo hago, y me va muy bien, os lo prometo.
Aunque no debiera ser así debido a mi condición masculina, vaya por delante mi felicitación más emocionada a ese amplio grupo de mujeres de nuestro pueblo. Espero que el sexo fuerte tome la debida nota, y sin ningún tipo de complejos se enganche como ellas a la labor, que bien vale la pena.

domingo, 8 de marzo de 2009

"CAMARADA"


Recordar es volver a vivir. Recordar nunca es tiempo perdido. Recordar es rendir homenaje a un pasado que se marchó para siempre, dejando un poso perdurable en los rincones de la memoria. A mí me gusta recordar.
Con motivo del reciente Congreso de Escritores Conquense celebrado en Cuenca, me escapé al pueblo desde la capital en un viaje fugaz; pues hace tiempo que me había hecho el propósito de traer a estas páginas a una persona admirable: Camarada, un paisano que la gente de mi generación, los que fuimos jóvenes por aquellos años de posguerra, recordamos con reconocimiento, y en mi caso y en el de otros muchos con afecto y gratitud. Camarada fue el hombre que tocando en el baile a notas de acordeón nos hizo pasar tardes memorables a ritmo de bolero, de pasodoble, de tango, de cha cha cha y de todo lo que se ponía en moda, barriendo lo que hubiera podido ser un solemne aburrimiento en las tardes de tantos domingos durante los inviernos fríos de nuestro pueblo.
Camarada se llama Santiago Domínguez Guijarro. Ahora, en los pórticos de su vejez, cuando ya ha dado al mundo lo que tenía que dar, que no ha sido poco, se ha vuelto al pueblo en compañía de Dolores, su mujer, para pasar en el ambiente más propicio los muchos años de vida que todos le deseamos.
La vida es a menudo desilusionante, y le gusta jugar con nosotros según su capricho. Camarada arregló su casa del barrio de la Granja con las comodidades y las anchuras de un palacio pensando en su jubilación; pero la salud de su esposa se ha debilitado hasta el punto de no poderse defender convenientemente por sí sola, y han decidido, creo que con buen criterio, residir como auténticos señores en la Casa Tutelada, donde los he encontrado felices, como en su pequeño hogar, rodeados de comodidades, a Dolores haciendo punto junto a la ventana, y a Santiago, sentado en su butaca siguiendo las noticias por televisión.
Tiene Camarada 83 años. Me contó que toca el acordeón desde los catorce; que se estrenó con un instrumento de botones muy primario, de solo cuatro bajos, que le trajo su hermano Julián desde Rusia allá por los años cuarenta. Me explicó que la primera pieza que empezó a tocar fue un cuplé que le enseño Verruga, que se titulaba “Gitanillo”, y que tiempo después popularizó la Montiel en una de sus películas.
Camarada ha pasado la mayor parte de su vida trabajando en Madrid, en otros quehaceres profesionales, sin por ello abandonar la música. Soy testigo de haberme encontrado con él, hará más de cuarenta años, tocando en las fiestas de Galve de Sorbe, allá por la sierra norte de la provincia de Guadalajara. Me dijo emocionado que el mundo es un pañuelo.
Nuestro hombre da rienda suelta a su vocación en estos tiempos dirigiendo el coro parroquial de la iglesia del pueblo, al que acompaña con su acordeón en la misa del domingo. Me ha contado -pienso que lo merece- que su nombre, con su pequeña historia, va a aparecer en una especie de diccionario o enciclopedia próximo a publicarse, en donde figurarán los más destacados acordeonistas de la provincia. Camarada lleva la vida con ilusión, es un hombre bueno y por eso está aquí.

viernes, 27 de febrero de 2009

III CONGRESO DE ESCRITORES CONQUENSES


ANTE EL III CONGRESO DE ESCRITORES CONQUENSES

El compromiso con la cultura provincial de nuestra tierra suele llamar a la puerta de tarde en tarde; pero casi siempre con urgencia y de manera segura. Hace unos días recibí el encargo, por parte del equipo organizador del Tercer Congreso de Escritores Conquenses, de responsabilizarme de una ponencia para ser desarrollada en esas jornadas de confraternización y de aportación de ideas acerca de una tarea común: la de que las tierras de Cuenca, sus pueblos y sus gentes, no caigan en el olvido dentro de este maremagnum al que nos van llevando las nuevas estructuras y los modernos sistemas de entender la vida en los que estamos inmersos.
He elegido como tema a desarrollar, “El pasado en el medio rural, un valor que se nos va”, y que me tocará exponer el sábado 7 de marzo, a las diez de la mañana, en el salón de actos de la Diputación Provincial de Cuenca.
Se trata de poner en el lugar que le corresponde ante la opinión pública los valores del pasado en los pueblos, en nuestros pueblos, en un intento de evitar en lo posible que lo que todavía queda vaya despareciendo, como ya han desaparecido tantos valores, culturales sobre todo, sin que por unas razones o por otras nos sea posible recuperar.
Ni qué decir que las puertas del salón estarán abiertas a todo el mundo. Que nadie tenga la menor duda de lo que yo disfrutaría si entre el auditorio tuviese la satisfacción de encontrarme con algún paisano.