miércoles, 29 de octubre de 2008

EL COCHE DE ROSITO


EL COCHE DE ROSITO

El coche de Rosito, el coche del pueblo, el taxi de toda la vida… Aún existe el coche de Rosito. Agapito le hace andar alguna vez, muy rara vez, cuando viene al pueblo. Lo guarda en su cochera del Lejío, y tiene una placa de metal junto a la puerta en la que se indica al viandante cómo allí dentro se guarda algo que merece el respeto, y casi la veneración de las cosas sagradas. A su dueño, Rosito, la gente le llamaba José, José Cantero, pero su verdadero nombre era Sebastián. No sé cuantos miles de viajes hizo a Cuenca el coche de Rosito en sus casi cincuenta años de servicio al pueblo. Se llegó a decir que sabía ir solo hasta la Pensión del Carmen, parando en los Baños, sin necesidad de conductor. Se le arrancaba girando con fuerza una manivela, y enseguida se ponía en marcha con ese run, run, de los coches cansados de vivir.
Los viajes en el coche de Rosito los recuerdo como algo perdido en el mundo de la ficción, como algo con apariencia de verdad, pero en lo que es imposible creer. No es fácil colocar dentro de él a más de cuatro personas, pero se colocaban seis además del conductor, y si eran chavales ya mocetes, hasta siete -sin incluir al maestro y al chofer- nos colocábamos dentro en nuestros viajes del mes de junio a Madrid para examinarnos de los primeros cursos del Bachillerato ¿Quién puede olvidarlo?
Dentro del coche de Rosito nació mi prima Milagritos una mañana muy cruda del mes de enero, en una curva de la carretera, junto al río, antes de llegar a Cuenca. Eran los últimos coletazos de los años del hambre, cuando mi madre me mandaba con el coche de Rosito algún que otro bocadillo de chorizo o de lomo, porque la patrona de la calle del Los Tintes nos daba, la pobre mujer, lo poco que podía.
Cuando Agapito lo saca por las calles del pueblo, uno tiene la sensación de haber visto pasar, solemne y haciéndose notar, al más venerable de los patriarcas locales, que se obstina en no querer morir. La gente lo mira, y Agapito, cuando lo conduce, se sentirá, pienso yo,más feliz que un rey sentado en su trono. Un trono de recuerdos que bien merece tener un espacio aquí, con todo el respeto y toda la gratitud que tantos de nosotros le debemos.

3 comentarios:

Juan dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Juan dijo...

Gracias por hacerme recordar aquellos buenos momentos que pasé con este coche. Un abrazo muy fuerte de Expedito Valera (Boleto)

Noelia Higuero dijo...

Qué ilusión me ha hecho poder leer esto sobre mi abuelo! :)
Su coche era su vida!